<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954</id><updated>2011-11-27T16:52:01.074-08:00</updated><title type='text'>Alma Mística</title><subtitle type='html'>En Alma Mística narro una apasionante odisea colombopanameña sufrida por mis padres, razón de mi nacimiento en Panamá y mi doble nacionalidad.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>18</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-531525604721652089</id><published>2010-12-30T06:50:00.001-08:00</published><updated>2010-12-30T06:50:37.970-08:00</updated><title type='text'>Glinnila</title><content type='html'>Glinnila&lt;br /&gt;A los interesados en las descargas de los libros Alma Mística (novela romántica) y Física Experimental Didáctica, se les informa que las pueden solicitar en los siguientes correos: crovalen@hotmail.com, crovalen@gmail.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que leo algún párrafo de la novela “Alma Mística”, http://stores.lulu.com/store.php?fAcctID=1151192,   http://www.lulu.com/content/1431634&lt;br /&gt;http://cesarrodriguez.bubok.com/, siento una especie de estremecimiento portentoso como cuando vi a Glinnila por primera vez. Avanzaba ella en las tonalidades amatistas y violetas del paisaje, con su belleza de madona, cual si se desprendiese de un cuadro de devoción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la beatitud languidecente de la hora y la semicalma augusta de la escena virgiliana, ella era como una gran flor de nieve, un lirio de ópalo, abriendo sus pétalos eucarísticos en la brisa densa de la bahía rumorosa.&lt;br /&gt;En la atmósfera lánguida, pesada con el calor de la hora, el viento susurraba como un arpa mágica en el silencio profundo y, ella, avanzaba descuidada, soñadores los grandes ojos visionarios, con un gesto sonambúlico por el sendero arenoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Absorta en no sé qué ensueño como de cosas lejanas,  no había visto a los dos que la observaban, y al hallarse así frente a nosotros, en la playa solitaria, tuvo un movimiento de sorpresa, cuasi de miedo y se detuvo. Quedó un momento abrazando un canasto lleno de conchas marinas, que abarcaba con sus brazos como para protegerlo y protegerse de aquel peligro imaginario.&lt;br /&gt;Contestó apenas nuestro saludo con una leve inclinación de su cabeza, llena de una vergüenza algo infantil, y desapareció presurosa bordeando la ribera. Y, quedamos solos, a orillas del mar, viendo perderse allá, lejos, la negra cabellera que el crepúsculo incendiaba sobre la espalda como una púrpura real, y la forma ondulante y morena que desaparecía como un fantasma de ilusiones. Y, temblé como ante algo misterioso, alzado cerca de mí en el fondo oscuro de una selva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Quién era ella?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿De dónde surgía esa flor radiante de belleza, encarnando en la euritmia de sus líneas, todo el ideal, toda la poesía y todo el deseo de la vida, centellando en el fondo de la noche divina que se desprendía de sus pupilas de abismo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Qué mujer tan linda!- exclamé yo- ¿Cómo se llama?, le pregunté a mi colega.&lt;br /&gt;-Glinnila- respondió Evangelista.&lt;br /&gt;-¿De dónde es?&lt;br /&gt;-De Nuquí, y estudia en el Colegio.&lt;br /&gt;-Muchas gracias estimado colega por la información -le respondí, mañana nos vemos muy temprano en el colegio&lt;br /&gt;-Está bien&lt;br /&gt;-Hasta mañana-le dije&lt;br /&gt;-Hasta mañana-me respondió. Y allí nos despedimos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras  Glinnila escuchaba distraída la clase de literatura con el profesor Evangelista en un aula del Colegio, miradas extrañas la espiaban, un corazón amante suspiraba cerca de ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi culto silencioso fue como el de Vespertino por la Lámpara Sagrada: siempre girando en torno a ella y siempre lejos…Y, cuando transitó cerca de mí, me provocó casi postrarme, como si hubiera pasado en sus andas doradas la Virgen del Carmen que era la patrona de aquel pueblo. Vinieron desde entonces, las noches de insomnios, las nostalgias asfixiantes, las ilusiones y anhelos de esa fiebre encantadora que se llama amor. Amor de veinte años, fresco y puro como una mañana primaveral, amplio y despejado como un horizonte, casto y primitivo que se desbordó en mí. No era ese amor superficial de los jóvenes de la ciudad, mancillados con besos de meretrices y abrazos de sirvientas: amor de deseos torpes; amor marchito, nacido en corazones gastados y sin fuerzas, para esas grandes pasiones que llenan, embellecen y acaban con la vida. Así no era mi amor... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Culto no confesado, crecía en el silencio de mi corazón y se alimentaba en el aislamiento de mi alma.&lt;br /&gt;¿Cómo atreverme a confesarle ese martirio? De pensarlo no más me estremecía.&lt;br /&gt;¿Cómo arrancar entonces ese amor? ¡Oh, no lo quería tampoco! Consumirme en llamas era mi ideal.&lt;br /&gt;¡No hay necesidad de despertar los recuerdos, ellos llegan a su hora, mendigos habituales que vienen a pedirnos una pequeña contribución de nuestras lágrimas, y hemos de dárselas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en mi lecho solitario, llevé a la mente aquella figura señorial que llamé Glinnila. Me parecía verla en ese andar cuando se esfumó como un espanto en la salida del colegio y, en esas tantas noches de desvelos, era el recuerdo, el deseo de mi alma, los que torturaban lentamente mi corazón y, en mis visiones, era ella, la adorada, la que se me abrazaba al cuello, me quemaba con sus ojos, me devoraba con sus besos, y se extendía a mi lado, bella como una Venus con su rostro de madona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pálido, jadeante, me levantaba entonces, como para expulsar de allí aquella extraña visión…&lt;br /&gt;Y, apoyando mi frente contra el cristal de la ventana, con aire extraviado de un presidiario en la puerta de su reja, permanecía absorto horas enteras, mirando en la sombra, ¿qué? La cara de Glinnila; y la gran tentación, la rosa de carne con pétalos de deseos que creía haber dejado sobre el lecho, se me aparecía, entonces allá, a lo lejos, con blancuras diáfanas, en transparencias de ópalo, bajo la arcada misteriosa de los árboles, ofreciéndome sus labios, en el esplendor de su belleza desnuda, allí, sobre la grama húmeda, sobre el campo florecido, bajo aquel cielo estrellado, en el ideal del refinamiento y del misterio. Y, luego, la visión se alejaba lenta, pausadamente, con la cabellera cuasi negra, coronada de orquídeas, destrenzada bajo la caricia de los dedos de la noche violadora, destacándose como una flor de nieve sobre la campiña verde, llamándome para lejos, más lejos, a la profundidad de los bosques, entre los matorrales impenetrables, hacia blandos lechos de musgos, a la gran cópula carnal y al beso irredimible; y como Silvano Loco, íbame en pos de la ninfa de mis anhelos. De repente, un fulgor blanco despuntaba del cielo, cual si el ala de un pájaro de nácar hubiese roto la cortina umbría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y aquella irídea claridad naciente, anunciaba a la tierra el despuntar el día. Despertaba el valle somnoliento, bajo un manto verde de esmeraldas; y en infinita variedad, los lirios levantaban su lánguida corola; y, yo,  con la cabeza entre las manos, perseguido por mis pensamientos, me veía a esa hora todo aletargado estallar en sollozos, y, quedaba absorto…&lt;br /&gt;¿Soñaba o meditaba?&lt;br /&gt;¿En qué comarca del país azul volaba mi alma?&lt;br /&gt;¿Estaría en las regiones apacibles, donde bajo un cielo puro, nacen las pálidas flores o los geranios enfermos de la fe?&lt;br /&gt;¿Vagaría en esos valles encantadores, donde bajo un cielo ardiente, abren sus cálices de púrpura, las rosas del deseo y se extiende exuberante la floración divina del amor?&lt;br /&gt;¿Escucharía la música de un lejano país, que tenía mucho de ensueño y donde el coro de los poetas cantaba a sus oídos el himno suave de la eterna dicha?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, torturado por la visión, permanecí horas enteras, hasta que en una de esas tantas noches de desvelo, que no pude conciliar el sueño, invité a unos amigos, y bajo la ventana por donde dormía Glinnila, entonamos una de esas serenatas apasionadas y melancólicas, producto de corazones enamorados. Cantamos con el alma esos paseos y vallenatos hechos para hacer soñar y hacer sufrir a las almas sensibles. Y cuando callábamos, el eco de nuestras voces varoniles, esparcidas en cadencia, iba a perderse en el aire calmado, bajo el cielo brumoso, en aquellas inmensidades vagas del mar. Allí nos sorprendió el crepúsculo; momento en que, como una diosa que abandona con la primera luz del alba el lecho tibio de plumas y musgos en que dormía, Glinnila arrojó a sus pies la manta y ligera saltó del lecho suyo. En pie sobre la alfombra dejó caer la túnica importuna, que rodó a sus plantas cubriéndolas por completo. Y así, parecía como emergiendo de las espumas inmaculadas del mar, cual si apoyase sus pies en una ostra nacarada en perlas y corales. Y quedó allí, desnuda, casta, impotente. La estancia toda parecía iluminada al resplandor radiante de su cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Deidad terrible la mujer desnuda. Terrible porque así es omnipotente!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Glinnila en su desnudez de diosa, sola en ese templo sin creyentes, sobre la piedra consagrada del altar, se entregó a la inocente contemplación de su belleza inigualable. Y, en la atmósfera calmada, tibia con los perfumes de su cuerpo, se sentía en el aire algo así como la vibración del himno triunfal de su hermosura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Venus saliendo de las espumas inmaculadas del mar, no fue más bella que aquella virgen, surgiendo así de su lecho, blanco como la nieve, donde quedaban intactas, tibias todavía, las huellas de su cuerpo perfumado.&lt;br /&gt;Arrojando a un lado y a otro la mirada ingenua de sus ojos, aun somnolientos, avanzó unos pasos y se halló frente al espejo, que parecía temblar ante el encanto y el huracán de esa belleza desnuda. Sus pechos pequeños, erectos, duros, con delicadas venas azules que terminaban en un botón vivo, color de sangre joven; por su perfección, podrían como los de Elena, haber servido de modelo para las copas del altar. Su cuello largo y redondo como la columna de un sagrario. Sus piernas duras y torneadas remataban en pie diminuto, de talones rojos como claveles de valle, y dedos que semejaban botones de rosas aun sin abrir en el crepúsculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frente al espejo se contemplaba serena, aquella contemplación era inocente, se veía y se admiraba, tenía el casto impudor de la infancia, era descuidada porque así era pura, y sin embargo, en aquella hermosa esmeralda humana se ocultaba el fantasma del dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  “Toda mujer es Salomón en el amor: el don de sabiduría le es innato”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Glinnila comprendió bien que la tarea de la conquista de este ingenuo, de esa seducción al revés, le estaba encomendada y perfumó el camino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de aquellas tardes en que hacían deporte en el Colegio Instituto Litoral Pacífico de Nuquí, manifestó deseo de pasear a orillas del mar.&lt;br /&gt;¡Oh, mar tan lindo, romántico y sublime!&lt;br /&gt;¡Oh, playas en declives tan hermosas! Embargados de una tranquilidad insospechable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era una tarde serena, turbadora como una decoración de sueño, una calma profunda, como adormecida, una quietud protectora y cómplice, en la atmósfera saturada de perfumes extraños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella, apoyada suavemente en mi brazo, hablaba con una voz dulce,  confidencial y acariciadora, que me producía como un éxtasis en el corazón, como la desfloración misteriosa de un beso, y me envolvía en largas miradas hipnotizadoras, que me erizaban la piel y despertaba en mí todo el fuego de un deseo ardiente y apasionado, estremecido al contacto de algo intenso que fluía de aquel cuerpo de mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La calma de la tarde que se aproximaba nos cubría, y ella continuaba envolviéndome en la llama salvaje de sus ojos, en las lenguas de fuego de sus frases incensadas.&lt;br /&gt;Yo temblaba perplejo y asustado por encontrarme al lado de esa estatua escultural, símbolo de la belleza y del amor. Y el hecho inexorable se cumplió: jugamos a la comedia del amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los paseos eran melancólicos entre la música del agua y de las olas, que parecían unirse para cantar un himno de amor a la extraña joven que llegaba. El brillante verde mar de los arbustos se hacía reverente a nuestro paso, adornando su cabeza pensativa.&lt;br /&gt;Ella era feliz en aquella sensación que parecía disolver su alma en el alma de la naturaleza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la inexpresable delicia, una tarde en que nos alejamos sin pensarlo, nos internamos por un laberinto de arbustos, en donde una fuente de agua cristalina se deslizaba lentamente bordeando unas matas de azucena. Rendida se sentó al borde de la fuente, apoyando la espalda en un guayacán florido y, yo, me senté a su lado; las sardinas de la fuente acudieron presurosas, como esperando un alimento de las manos de Glinnila, que se introducían en el agua cristalina, mientras nos cubría una lluvia de hojas amarillas que caían de los árboles desnudados por el viento otoñal, que barría también las nubes en ese poniente tierno de llamas moribundas. Mirándola dolorosamente al rostro, lleno de una mortal quietud, le pregunté:&lt;br /&gt;-¿Se siente bien?&lt;br /&gt;-Sí, dijo ella con una voz de infinita dulzura. Entonces, como si sintiese la necesidad de expresarle todo mi amor, y de aprovechar los momentos que huían, me apresuré a decir:&lt;br /&gt;-¡Cuánto he sufrido con su indiferencia! No me atreví a hablarle por temor a ser rechazado, con el profesor Evangelista le envié una nota, ¿la recibió?&lt;br /&gt;-Sí, me sentí feliz, lloré mucho, porque su carta es tan sincera y triste...&lt;br /&gt;-Hoy le digo lo mismo que en ella. No se imagina usted lo torturado que me siento, ya no duermo sino pensando en usted y, a la aparición de sus recuerdos lloro.&lt;br /&gt;-¡Glinnila! ¿Siente algo su corazón por mí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella calló, con el rostro empurpurado como si todo el esplendor de la hora taciturna hubiese caído sobre las azucenas de sus mejillas, incendiándolas. Y, en esa onda silenciosa, había vibraciones extrañas, como las de las olas subterráneas que baten las entrañas de un peñón; era la mano de un sueño y una nobleza de sentimiento que degollaba a otro sueño en el propio corazón. Con voz trémula, como surgida del más remoto seno de mis entrañas, insistí, y tomando una de sus manos, e inclinándome sobre ella, le dije: ¿Por qué me tortura tanto? Mi alma es débil pero bella y mi corazón es puro como una mañana primaveral... Sobre mi cabeza inclinada cayó una lágrima, tan ardiente que la alcé sorprendido, y mirándola fijamente en los ojos enturbiecidos, le dije temblando de alegría: ¿llora usted? ¡Ah! Entonces... ¿me ama usted?&lt;br /&gt;-Sí, dijo ella con una voz profunda y grave, en la cual vibraba la ofrenda de su alma. Permanecimos así, mudos y absortos, como si en esos momentos hubiésemos vivido muchos años...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las sombras crepusculares descendían; la sesgada luz del sol deslizándose por entre los tupidos ramajes que nos cubría cegaba mis ojos. Acá y allá, en torno de ella, en las hojas por el suelo, estremecíanse luminosas manchas, como si una turba de colibríes, al volar, hubiese esparcido plumas relucientes de sus alas membranosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El silencio lo dominaba todo, y de los árboles se desprendía un aliento suave y vagabundo, esparcido por la brisa marina de aquella tarde llena de amor y de poesía.&lt;br /&gt;Luego, ella, poniendo ligeramente la mano sobre mi hombro, se incorporó por medio de un salto, dando ocasión por un momento que asomase por entre las anchas faldas de su vestido un pequeño pie, preso en un botín color violeta. Los rizos de sus cabellos brillantes como el oro, deslizándose por las alas de un sombrero de paja chocoana, caían sobre su rostro que parecía haber robado la lozanía y el colorido de las más frescas rosas. Frente espaciosa e inteligente, ojos límpidos como el cielo azul que nos cubría, coronados por unas cejas finas, arqueadas y más oscuras que el cabello; una nariz perfilada, casi transparente, que es el mejor distintivo de la imaginación y del ingenio; y por último una boca pequeña y rosada como el carmín, cuyo labio inferior la hacía parecerse a las princesas  de la casa de Austria, por el bello defecto de sobresalir algunas líneas al labio superior, completaban lo que puede describirse de aquella fisonomía distinguida y bella, y en que cada facción revelaba la delicadeza de su alma, de organización y de raza, y para cuyo retrato la pluma descriptiva de los artistas es siempre ingrata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin, Glinnila rompió el silencio: se nos hace tarde- dijo-, y tomamos el camino de regreso.&lt;br /&gt;Cuando llegamos a la casa de mis padres, que nos esperaban preocupados, había en nuestros rostros tan notorio cambio, que los viejos sonrieron. Nos sentamos cerca de mi madre. Ella tomándonos de las manos, nos las unió, mirándolos con los ojos húmedos de llanto y diciendo con voz trémula de emoción: En nombre de Dios y de la virgen, y selló nuestras manos unidas con el beso de sus labios venerables.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo he sido siempre un sentimental, y una pureza nativa aureola todos sus sueños de amor; y frente a una mujer como Glinnila, sentí más que una pasión profunda y delicada que se alzaba en lo más hondo de mi alma por sobre todas las cosas viles de la tierra, hacia regiones remotas de las más graves purezas. Fantástico en los asuntos pasionales, me di a cultivar con delirio esa vaga sensación que llenaba todo su ser, y que no quería analizar por temor a destruir. Estar junto a Glinnila, verla, oírla hablar, fue ya toda mi aspiración; ya no había para mí bellos paisajes de los cielos, de los mares y de la tierra, sino mirada en los ojos de Glinnila; y no había armonía, ni música en los aires, ni en las palabras, sino brotaban de esa fuente de melodía que eran los labios de Glinnila; y, ¿ella? Trataba de permanecer extraña a esa pasión naciente que crecía y se alzaba blanca y pura como una aurora primaveral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En las tardes expirantes, a orillas de la gran bahía, llena de luces estelares, las miserias de nuestras almas se juntaban y se recalentaban, como dos niños friolentos sobre el seno de una misma madre, tocados de una sensibilidad misteriosa, ante ese amor que veíamos nacer como una flor de gloria en nuestros corazones, coronados de aureola; y, sobre las playas luminosas, en los palmares claros, cerca al ímpetu doloroso de las olas arrulladoras, nuestras almas se buscaban, se confundían, se saturaban de amor, de un amor triste, que en nosotros tenía el infinito de todas las insatisfacciones; y, continuábamos así, ante la queja cercana del mar, que parecía hablarnos del eterno olvido, en la terrible esterilidad de nuestras vidas sin venturas. Amándonos así, con emociones tenebrosas, en las tardes entibiecidas, prendimos sobre el cielo borroso de nuestras vidas un nuevo sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hipnotizados y encadenados por aquella pasión fatal decidimos tomar el mismo avión de Nuquí para Quibdó.&lt;br /&gt;Inmenso y calmado el mar se extendía, y desde el firmamento se observaba, allá lejos, majestuoso y brillante en ese horizonte despejado. Las nubes blancas como copos de nieve pasaban lentamente como una bandada de aves en derrota. Abajo se divisaba el terciopelo misterioso del valle del Atrato; y, mientras el avión surcaba el inmenso espacio taciturno, mi mente meditaba,...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Cómo agobia al hombre llevar sobre sí mismo el peso de su propio corazón! Cuando más felices aquellos que la muerte ha inmovilizado en las riberas de la eternidad. Es por el camino del corazón que vamos al vencimiento; es por él que somos sufrimiento vivo; es por él que somos felices; es por él que permanecemos adheridos a la Tierra y al amor... todo el dolor viene de él... él contiene toda la debilidad de la idolatría; él, es una adoración. La mirada de amor, la palabra de amor, el sueño de amor ¿quién los dicta?; esas cosas vagas y terribles que entenebrecen nuestra alma ¿quién las forja?, el corazón... ¡el corazón! ¿De dónde esa fiebre de amor que nos hace agonizar bajo un firmamento de sueño, en un jardín de esperanzas suplicantes?, del corazón, de la dulce claridad del corazón...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La mendicidad del corazón es un desencadenamiento de miseria, no se sacia jamás; por eso nuestra vida es un gesto de abatimiento, un vacío incolmable de tranquila inmensidad”. Y, era por el corazón que agonizábamos los dos peregrinos del amor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ojos somnolientos y radiosos de Glinnila se abrían en ese instante, el avión llegaba a su destino. Nos despedimos y quedamos de encontrarnos a las siete de la noche en el Estadero El Malecón, a orillas del río Atrato&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Perfumes escondidos subían de las aguas del Atrato, de los arbustos florecidos, de los meandros pensativos y los rosales lejanos, que la sombra poetizaba en largas simbolizaciones de blancura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al ver a Glinnila un poco mareada por el efecto del champaña, la invité a salir al jardín, donde los aires puros le quitaran aquel principio de mareo. Le di el brazo y nos pusimos en camino; llegando al jardín donde estaba mi auto ella desvaneció en mis brazos. Cuando lo puse en marcha, ella abrió los ojos y me sonrió dulcemente. La besé en la frente, sobre los ojos, en los labios...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El beso embriaga. Y, loco ya por la trágica locura de los besos, me dirigí a mi casa de soltero y, Glinnila, entró a ella, seria, serena, erguida, alta la frente, inmutable y fatal, como la más pura de las esposas al más puro de los hogares; y pasamos por el iluminado gran salón familiar, hacia el dormitorio, cubierto de mármol el piso y sus paredes tapizadas en lila; y el gran lecho de caoba, con sábanas de terciopelo, adornado por un acuario, donde voloteaban decenas de palomas blancas y cantaban varios ruiseñores, apareció ante sus ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Salve virgen! Dijeron las brisas y las flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Salve virgen! Cantaron los turpiales encerrados en jaulas de marfil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Salve virgen! Repitieron los ecos de la noche cuando como una paloma que entra al nido, la doncella intocada hundió sus carnes en las bellezas nítidas del lecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La acaricié con mis labios en los lóbulos de las orejas para excitarla, prolongué esa caricia por el cuello de marfil y el pecho adorable, que descubrí bruscamente, haciendo saltar fuera del vestido los senos duros y delicados como dos pétalos de rosa. Los mimé largamente, apasionadamente, devorando a besos las corolas rojas de aquellas flores de nácar, teñidos de un suave color canela. Allí descubrí la belleza de ese cuerpo de diosa, y tuve orgullo de ver las divinas carnes reposando sobre mi lecho, cálido y sensible, hecho de plumas de colibrí; y ya desnuda, quedó bocarriba, casta, pura y radiante, como una Venus emergiendo de las espumas inmaculadas del mar. Me entregué totalmente a la contemplación de esa Venus en su desnudez de diosa; y en la atmósfera calmada, tibia con los perfumes de su cuerpo, se sentía en el aire algo así como las vibraciones del himno triunfal de su hermosura. La poseí, suavemente, cuidadosamente, ardientemente, con una pasión tierna, sintiéndola gemir y sollozar bajo mis besos, en el encanto y el dolor de aquella desfloración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuánto tiempo estuvimos allí en brazos uno del otro? No habría podido decirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi amor, a propósito ¿cómo te llamas verdaderamente?- le pregunté -, cuando ya satisfecha mi pasión la miré desnuda sobre el lecho como una margarita desolada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Yo?- balbuceó ella- como esquivando una respuesta inmediata y cubriéndose con los abrigos de la cama en un gesto noble bajo las claridades lunares...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, tú.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo, me llamo una mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La repuesta evasiva y extraña, me irritó hasta la cólera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-La respuesta es idiota- le dije-, ése no es un nombre sino un sexo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Temerosa de haberme disgustado, y como un poco miedosa, la joven dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Perdóname mi amor, no quise ofenderte, pero, ¿te das cuenta cómo me encontraste? Creo que ya cumpliste tus deseos y, además, ¿qué os puede importar mi verdadero nombre? Es que las mujeres que somos de malas, tenemos uno: nos llamamos placer, algunas más felices se llaman: amor y, calló, como angustiada y, quedó muda, como en un abandono inmenso, aspirando un perfume de recuerdos removidos por el verbo profanador. El amor- murmuré yo con un sordo rencor- como en una resurrección súbita de visiones, donde gritara el gran duelo de mi corazón debido a tantas desilusiones...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡El amor! ¿Sabéis vosotras las mujeres lo que es esa palabra?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No sabemos de ella sino lo que los hombres nos enseñan, lo que ponen en nosotras para llenar el gran vacío de nuestro corazón; él, es verdad o es mentira según lo dijeron los labios que nos iniciaron en sus secretos; ellos nos enseñan la sinceridad o la falsía; nuestra alma está hecha por la modelación de sus besos; fue la presión de sus labios la que la hizo alma de lealtad o de perfidia; todo iniciador de amor es un modelador de almas; la nuestra está siempre llena de su presencia. Absorto, inquieto, ante la oscuridad reminiscente de esta respuesta, y a la vista de ese corazón misterioso, del cual el secreto pugnaba por escaparse como un perfume, dije:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y, la tuya, ¿quién la modeló para el amor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿La mía? Por las formas del mármol se conoce el escultor; no podéis conocer sino mi cuerpo; me siento orgullosa que me hayáis encontrado virgen; mi alma, mi pobre alma, esa no la ha visto sino aquel que la despertó de su sueño de arcilla y, que acaso no verá jamás...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hundida en la bruma débil, su cabeza perfumada, parecía soñar bajo el vapor cálido del lecho y la penumbra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la calma oceánica de esa hospitalidad tan amable y discreta, ambos dejábamos dilatar nuestros sueños por el jardín tentador de los recuerdos, viendo resucitar las horas anonadadas del amontonamiento fúnebre y clamoroso de las inexorables cosas del pasado. Una inagotable onda de pesar brotaba de nuestros corazones, que parecían tenderse con un largo estremecimiento portentoso hacia el pasado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algo inquieto y analista, interrumpí el silencio, y con la calma gris de un psicólogo profesional, interrogué a la joven, que parecía dormida en un dulce poniente de cosas profundas y calladas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué edad tienes?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella abrió los ojos, y en sus pupilas color café intenso, pareció brillar un horizonte de devastaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Diecisiete- respondió débilmente- pero los años de mi corazón son infinitos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Quién te enseñó a hablar así?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Aquel que me enseñó a pensar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y, ¿quién fue él?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El mismo que me enseño a amar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y, ¿dónde está?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Él, me enseñó también el abandono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Su nombre?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿El nombre suyo? Ahora, llama: dolor, ¿después? Llamará: olvido...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ese no es un nombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El, encierra y devora todos los nombres. Y, como si hubiese tropezado con algo la desnudez de su herida, la joven clamó, más que dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡No me interroguéis, no me interroguéis! ¿Qué os importa mi pasado? Menos aun si es doloroso y triste, mi cuerpo ha sido vuestro, ¿qué más queréis? ¡Haz lo que quieras con mi cuerpo pero no toquéis mi alma! y, como si temiese que por debilidad le arrancase su corazón para mirarlo, la joven trató de incorporarse bruscamente del lecho, pero la detuve, diciéndole: perdóname vida mía, no lo volveré a hacer, y la cubrí con las ropas de la cama, con un gesto de verdadera y tierna delicadeza. Un gran sentimiento de piedad me vino al corazón, ante aquella mujer silenciosa, llena de poesía, tan misteriosa y tan inconsolablemente triste, y el poeta que dormía en mí se despertó, y mi musa abandonada vino a besarme en esa hora de felicidad sublime y, escribí en mi diario prosas asonantadas, lapidarias y sonoras, como queriendo decir: Yo también sé el camino de la inspiración. Y, en esa prosa rítmica, esculpí y canté el cuadro de mi ventura:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Un silencio rumoroso, idólatra y religioso, un silencio de santuario, había en torno a ese sagrario, donde inerte y descuidada ¡Oh, mi diosa! ¡Oh, mi adorada!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Y, en la atmósfera vagaban, mil perfumes que embriagaban; y en los ruidos vagorosos, habían besos amorosos, que vibraban y cantaban en el rayo de la luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“De rodillas ante el lecho, con las manos en el pecho, conteniendo los latidos de mi pobre corazón, yo en silencio te adoraba y en silencio recordaba, que esa noche ya pasada ¡Oh, mi negra desposada! Te dormiste entre mis brazos, y al reclamo de mis besos y al calor de mis abrazos, se abrió tu alma a mis caricias, de tu amor con las primicias, como al rayo del sol fulgido la rosa abre su botón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Y, al mirarte así rendida, recordándote vencida, busqué un sitio y a tu lado, yo el león domesticado la cabeza recliné...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Y, pensando en el hastío y en el olvido hosco y sombrío, y pensando en que pudieras olvidarme o yo perderte, tuve miedo de la vida, sentí anhelos de la muerte, lloré mucho y en silencio, en silencio te imploré”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Después me acerqué al lecho, y haciendo como había escrito, coloqué mi cabeza en la almohada y puse mis labios en los de mi idolatrada. Glinnila, abrió los ojos, sus grandes ojos de zafiro, somnolientos, echó atrás su cabellera, río de espigas luminosas, puso los brazos en cruz, y se desperezó indolente con un gesto de ninfa acuática, mientras la luz jugueteaba en los bellos jazmines de su cutis, centellando en el polvo de oro de sus encantos desnudos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Eva!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Eterna Eva! ¡Tentadora de amor!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Bendita seas!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde aquel día nos vimos tres veces por semana, en el mismo sitio, y repetimos los mismos ritos de amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La misericordia de la vida, nos da el amor como el más suave elixir del olvido que puede apurar el alma angustiada de un hombre, frente a los dolores irremediables. De ese licor habíamos bebido Glinnila y yo y nos embriagábamos de él; devorábamos nuestra felicidad como a un fruto lleno de dulzura, y la envolvíamos en los cendales del silencio. Y, nuestros cuerpos se unían como nuestras almas, en un fervor olvidadizo de las cosas que nos rodeaban. Bien pronto,  no fueron bastante esas horas para vernos y amarnos, y buscábamos para eso hasta el seno más oscuro de la noche. Vivíamos siglos en la sensación deliciosa de aquellos besos que parecían hacernos inmortales. Sólo la luz inoportuna de la aurora venía a llamarnos a la vida real, a separar nuestros corazones cada vez más ilusionados- porque la ilusión vive en todo: hasta en el corazón turbado de dolor y en el seno agotado de la muerte. En ese olvido vivimos, hasta aquella tarde que en el jardín, Glinnila, más adorable que nunca, me reveló la dulce verdad: estaba encinta, y se quedó viviendo definitivamente en mi dulce hogar. Y, la vi embellecer, como en una maravillosa transfiguración. Al mismo tiempo, ella, consolada, apasionada y conmovida por aquel afecto que la rodeaba de cuidados y de atenciones cuasi paternales, se enorgullecía ante aquella cosa inmensa que se llama amor; y en la gloriosa aceptación de su destino, ponía tan candorosa pasión, se hacía tan filialmente tierna para con migo, que sentía engrandecer mi corazón. Mis libros de Física y Matemática, inconclusos, aquellos en que vivía gloriosamente mi alma viril, volvieron a sentir la fuerza opresora de mi pensamiento y mi didáctica. La fiebre del trabajo, la radiosa alegría de producir volvió a apoderarse de mí; y la maravilla de las leyes físicas, y la belleza de los números, llenaron las páginas vírgenes, como un gran río crecido que inunda una llanura. Glinnila, añadía a sus otros cuidados, amor hacia mí. Ella misma pasaba a limpio los borradores, me ayudaba a corregir las pruebas, recogía y catalogaba los originales. Salíamos muy poco y rara vez recibíamos visitas; apenas sí frecuentábamos cines y teatros. No se nos veía jamás en cafés, y vivíamos abrazados a nuestra tranquilidad  como a un escudo. Mi corazón conquistado por el amor, tenía la dulce y aterradora mansedumbre de un león dormido, se diría que había amado siempre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Glinnila, cuya salud florecía como un rosal en primavera, bajo las dulces ternuras que rodeaban su existencia, empezó a sentir síntomas de parto, y fue hospitalizada ese mismo día. Esperé con el corazón lleno de incógnita y de tristeza. Al largo rato, salió el médico que la atendía, y con semblante tranquilo, me informó que Glinnila había dado a luz dos varones. Cuando  llegué donde estaba ella, la vi inmóvil, pálida y feliz, y a su lado los dos infantes que dormían. La abracé y la besé en la frente, y mirando a los niños dije: Tú, que eres el mayor te llamarás Idin II, y tú, que eres el menor, serás Adrián II. Ella, contagiada de aquella alegría, me sonrió débilmente, me tomó las manos y me atrajo contra su pecho con gesto maternal, y con lágrimas de emoción dijo: Mi amor, estoy plenamente convencida que esos nombres encierran algún misterio en tu corazón o tienes un “alma mística”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella mujer enferma me parecía más bella que antes, y comprendí que no podía separarse de ella...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas mis ternuras, todos mis deseos antiguos me subían al corazón en un flujo desbordante, y me estremecía nerviosamente al recuerdo de mis ingratitudes, que hoy se me hacían odiosas y monstruosas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cómo había podido hacer llorar tanto aquellos ojos prismáticos que eran como el espejo de su alma?... Una sed infinita de hacerse perdonar me subió al corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Nuevos informes médicos me hicieron conocer que Glinnila retrocedía en su curación, una hemorragia imprevista se había presentado y su debilidad agónica no podía casi resistirla...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo, en el hospital no se separaba de ella, y preocupado ya no hallaba como consolarla y, la miré vencida por la fiebre, calmada bajo la influencia de las drogas, extenuada, apenas visible bajo las grandes sábanas que la cubrían y, en el denso silencio donde el ojo humano apenas veía la constante presencia de las cosas, la tomé de las manos, y casi de rodillas la miré dormir. Aquellas manos ardían como una brasa y el pulso apenas se sentía palpitar bajo la piel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Cómo crecía mi amor hacia aquel ser frágil e idolatrado por mí que apenas se dibujaba allí como un sueño de luna!...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un gran deseo me vino de morir también al lado de aquella rosa que se marchitaba bajo el tétrico esplendor de la nada, ídolo de mi corazón, que guardaba aun el recuerdo de las caricias pasadas, y sufría el castigo de mi idolatría a la cual había dado mi esperanza cándidamente... Mi dolor crecía siempre inmensamente, desnudo, inconmensurable como un cielo y, sentí cómo la mendicidad de mi corazón era vasta, vasta como el espacio y, vi que no había limosna terrestre para mi soledad espantosa que era como un principio eterno de la muerte...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luz matinal hizo abrir los ojos a Glinnila, pesados de fiebre y llenos de un sueño malo, como una aglomeración de visiones. Se incorporó penosamente; fui en su auxilio, la tomé en mis brazos y arreglé en torno suyo las almohadas dispersas, la acaricié como a un niño, la besé en la frente sudorosa y la abracé tiernamente contra mi corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Has dormido bien amor mío?- le pregunté-, mirándola fijamente a los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Sufres?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su voz era débil como un gorjeo de pájaro, y de sus ojos febricitantes se escapaba la gratitud como un himno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y, tú, ¿has dormido amado mío?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, toda la noche; y la mentira corrió de mis labios como una miel de misericordia, y se extendió como un bálsamo sobre los bordes de aquella herida incurable; y mi corazón cargado de verdades, se miró en los posos grises de aquellos ojos sumidos en la penumbra, ojos que esa mentira hacía luminosos como lagos de asfaltos heridos por el sol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fiebre y la hemorragia agotaron tal mente las fuerzas de Glinnila que en aquel momento daba la impresión de muerte. Asustado, la llamé a grandes gritos desesperados:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Glinnila, Glinnila!...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella abrió los ojos brumosos, llenos de penumbra, y me miró vagamente, como si volviese de limbos muy remotos...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Glinnila, Glinnila- sollocé-...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es nada, no es nada, dijo ella, débilmente intentando sonreír. La abracé con desesperación, ante esa visión de la muerte en los ojos adorados; y ambos temblamos en conjunto, en ese silencio lleno de amenazas... Ella, al verse tan consentida, lloró dulcemente, un reparador llanto de felicidad; yo la miré llorar, hundida en esa embriaguez de ventura, llena de una extraña sensibilidad, ante aquella felicidad de muerte que parecía un crepúsculo, y calló largo tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Perdóname- dijo ella-, volviéndose hacia mí, y reclinó sobre mi pecho varonil la cabeza triste y casi inerte, como para sentir por última vez cerca, aquel corazón misterioso lleno de tumultos... y, un gran soplo de melancolía pasó por nuestras almas, como bajo un cielo incoloro, sobre un río de silencio...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Glinnila, ya no se levantó del lecho. Los médicos, desesperados, hicieron hasta lo imposible por salvar aquella vida, todo fue inútil, su corazón misterioso al fin dejó de latir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quedé como aterrado a causa del dolor. Y en mi desesperación, tomé los niños, salí con pasos lentos y me perdí en las sombras negras de la noche, envuelto en el eco de mi voz que decía: mi alma triste, profundamente triste, abrumada por el peso de tantos recuerdos dolorosos y tantas desdichas presentes, no tiene ni aliento ni voluntad para seguir resistiendo este infortunio monstruoso engendro de un destino desgraciado.        &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Publicaciones&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“ALMA MÍSTICA”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“FISICA EXPERIMENTAL DIDÁCTICA”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;César Rodríguez Valencia&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;César Rodríguez Valencia en Lulu.com&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;César Rodríguez Valencia en Bubok.com&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-531525604721652089?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/531525604721652089/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=531525604721652089' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/531525604721652089'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/531525604721652089'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2010/12/glinnila.html' title='Glinnila'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-5981098439960440512</id><published>2009-10-17T18:08:00.000-07:00</published><updated>2009-10-17T20:21:06.135-07:00</updated><title type='text'>Gran oportunidad para Panamá en Ciencia y Tecnología</title><content type='html'>Científicos austriacos bajo la dirección del Dr. Karl Schwarz W B, Director Gerente General de la empresa europea ROKKORS NANOTECNOLOGIES, GmbH, con sede en Viena Austria, le enviaron una carta al Presidente de la República de Panamá el 21 de septiembre del año en curso, que en uno de sus apartes dice: “Yo propongo que como Panamá es un importante punto de trasbordo de mercancías de todo el mundo, y teniendo en cuenta la importancia de la Ciudad del Saber y su infraestructura, se me permita poner un centro de producción de nanoestructuras de carbono (CNS), subproductos de alta tecnología y un ascensor espacial en ese ámbito, que podría incluir una planta de extracción de metal catalizador”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En otro aparte dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El Centro de Producción de CNS crearía desde 8.600 a 13.200 nuevos empleos de alta tecnología para Panamá. El sueldo promedio en el área es de alrededor de 30.000 euros al año, que deberá tener un considerable impacto positivo en la economía local. No somos una mano de obra barata”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo el convencimiento que para Panamá la instalación de dicha empresa sería una oportunidad significativa, desde el punto de vista científico, tecnológico, económico y social. En consecuencia, muy respetuosamente sugiero al señor Presidente de la República, ordenar lo antes posible la valoración y respuesta oficial a la propuesta del Dr. Karl con relación a la empresa en referencia. Pienso que la mejor solución para la instalación de dicha empresa es el Tecno Parque de la Ciudad del saber.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta propuesta fue enviada a algunos medios de comunicación de Panamá a través de correo electrónico con el fin primordial que le hicieran conocer al Presidente de la existencia de dicha carta. Infortunadamente, aquellos medios de comunicación no fueron capaces de entender la importancia de la propuesta de los científicos austriacos y por eso decidieron llenar las páginas de sus diarios de chismes y noticias ridículas como ha sido la costumbre, antes que hacerle conocer a la opinión pública de la gran oportunidad para realización de uno de los más grandes proyectos de toda su vida republicana.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-5981098439960440512?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/5981098439960440512/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=5981098439960440512' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/5981098439960440512'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/5981098439960440512'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2009/10/gran-oportunidad-para-panama-en-ciencia.html' title='Gran oportunidad para Panamá en Ciencia y Tecnología'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-2415225178216240098</id><published>2009-03-09T21:25:00.000-07:00</published><updated>2009-03-10T06:14:08.617-07:00</updated><title type='text'>Glinnila (3)</title><content type='html'>Los ojos somnolientos y radiosos de Glinnila se abrían en ese instante, el avión llegaba a su destino. Nos despedimos y quedamos de encontrarnos a las siete de la noche en el Estadero El Malecón, a orillas del río Atrato&lt;br /&gt;Perfumes escondidos subían de las aguas del Atrato, de los arbustos florecidos, de los meandros pensativos y los rosales lejanos, que la sombra poetizaba en largas simbolizaciones de blancura.&lt;br /&gt;Al ver a Glinnila un poco mareada por el efecto del champaña, la invité a salir al jardín, donde los aires puros le quitaran aquel principio de mareo. Le di el brazo y nos pusimos en camino; llegando al jardín donde estaba mi auto ella desvaneció en mis brazos. Cuando lo puse en marcha, ella abrió los ojos y me sonrió dulcemente. La besé en la frente, sobre los ojos, en los labios...&lt;br /&gt;El beso embriaga. Y, loco ya por la trágica locura de los besos, me dirigí a mi casa de soltero y, Glinnila, entró a ella, seria, serena, erguida, alta la frente, inmutable y fatal, como la más pura de las esposas al más puro de los hogares; y pasamos por el iluminado gran salón familiar, hacia el dormitorio, cubierto de mármol el piso y sus paredes tapizadas en lila; y el gran lecho de caoba, con sábanas de terciopelo, adornado por un acuario, donde voloteaban decenas de palomas blancas y cantaban varios ruiseñores, apareció ante sus ojos.&lt;br /&gt;¡Salve virgen! Dijeron las brisas y las flores.&lt;br /&gt;¡Salve virgen! Cantaron los turpiales encerrados en jaulas de marfil.&lt;br /&gt;¡Salve virgen! Repitieron los ecos de la noche cuando como una paloma que entra al nido, la doncella intocada hundió sus carnes en las bellezas nítidas del lecho.&lt;br /&gt;La acaricié con mis labios en los lóbulos de las orejas para excitarla, prolongué esa caricia por el cuello de marfil y el pecho adorable, que descubrí bruscamente, haciendo saltar fuera del vestido los senos duros y delicados como dos pétalos de rosa. Los mimé largamente, apasionadamente, devorando a besos las corolas rojas de aquellas flores de nácar, teñidos de un suave color canela. Allí descubrí la belleza de ese cuerpo de diosa, y tuve orgullo de ver las divinas carnes reposando sobre mi lecho, cálido y sensible, hecho de plumas de colibrí; y ya desnuda, quedó bocarriba, casta, pura y radiante, como una Venus emergiendo de las espumas inmaculadas del mar. Me entregué totalmente a la contemplación de esa Venus en su desnudez de diosa; y en la atmósfera calmada, tibia con los perfumes de su cuerpo, se sentía en el aire algo así como las vibraciones del himno triunfal de su hermosura. La poseí, suavemente, cuidadosamente, ardientemente, con una pasión tierna, sintiéndola gemir y sollozar bajo mis besos, en el encanto y el dolor de aquella desfloración.&lt;br /&gt;¿Cuánto tiempo estuvimos allí en brazos uno del otro? No habría podido decirlo.&lt;br /&gt;-Mi amor, a propósito ¿cómo te llamas verdaderamente?- le pregunté -, cuando ya satisfecha mi pasión la miré desnuda sobre el lecho como una margarita desolada.&lt;br /&gt;-¿Yo?- balbuceó ella- como esquivando una respuesta inmediata y cubriéndose con los abrigos de la cama en un gesto noble bajo las claridades lunares...&lt;br /&gt;-Sí, tú.&lt;br /&gt;-Yo, me llamo una mujer.&lt;br /&gt;La repuesta evasiva y extraña, me irritó hasta la cólera. &lt;br /&gt;-La respuesta es idiota- le dije-, ése no es un nombre sino un sexo.&lt;br /&gt;Temerosa de haberme disgustado, y como un poco miedosa, la joven dijo:&lt;br /&gt;-Perdóname mi amor, no quise ofenderte, pero, ¿te das cuenta cómo me encontraste? Creo que ya cumpliste tus deseos y, además, ¿qué os puede importar mi verdadero nombre? Es que las mujeres que somos de malas, tenemos uno: nos llamamos placer, algunas más felices se llaman: amor y, calló, como angustiada y, quedó muda, como en un abandono inmenso, aspirando un perfume de recuerdos removidos por el verbo profanador. El amor- murmuré yo con un sordo rencor- como en una resurrección súbita de visiones, donde gritara el gran duelo de mi corazón debido a tantas desilusiones...&lt;br /&gt;¡El amor! ¿Sabéis vosotras las mujeres lo que es esa palabra?&lt;br /&gt;-No sabemos de ella sino lo que los hombres nos enseñan, lo que ponen en nosotras para llenar el gran vacío de nuestro corazón; él, es verdad o es mentira según lo dijeron los labios que nos iniciaron en sus secretos; ellos nos enseñan la sinceridad o la falsía; nuestra alma está hecha por la modelación de sus besos; fue la presión de sus labios la que la hizo alma de lealtad o de perfidia; todo iniciador de amor es un modelador de almas; la nuestra está siempre llena de su presencia. Absorto, inquieto, ante la oscuridad reminiscente de esta respuesta, y a la vista de ese corazón misterioso, del cual el secreto pugnaba por escaparse como un perfume, dije:&lt;br /&gt;-Y, la tuya, ¿quién la modeló para el amor?&lt;br /&gt;-¿La mía? Por las formas del mármol se conoce el escultor; no podéis conocer sino mi cuerpo; me siento orgullosa que me hayáis encontrado virgen; mi alma, mi pobre alma, esa no la ha visto sino aquel que la despertó de su sueño de arcilla y, que acaso no verá jamás...&lt;br /&gt;Hundida en la bruma débil, su cabeza perfumada, parecía soñar bajo el vapor cálido del lecho y la penumbra.&lt;br /&gt;En la calma oceánica de esa hospitalidad tan amable y discreta, ambos dejábamos dilatar nuestros sueños por el jardín tentador de los recuerdos, viendo resucitar las horas anonadadas del amontonamiento fúnebre y clamoroso de las inexorables cosas del pasado. Una inagotable onda de pesar brotaba de nuestros corazones, que parecían tenderse con un largo estremecimiento portentoso hacia el pasado.&lt;br /&gt;Algo inquieto y analista, interrumpí el silencio, y con la calma gris de un psicólogo profesional, interrogué a la joven, que parecía dormida en un dulce poniente de cosas profundas y calladas.&lt;br /&gt;-¿Qué edad tienes?&lt;br /&gt;Ella abrió los ojos, y en sus pupilas color café intenso, pareció brillar un horizonte de devastaciones.&lt;br /&gt;-Diecisiete- respondió débilmente- pero los años de mi corazón son infinitos.&lt;br /&gt;-¿Quién te enseñó a hablar así?&lt;br /&gt;-Aquel que me enseñó a pensar.&lt;br /&gt;-Y, ¿quién fue él?&lt;br /&gt;-El mismo que me enseño a amar.&lt;br /&gt;-Y, ¿dónde está?&lt;br /&gt;-Él, me enseñó también el abandono.&lt;br /&gt;-¿Su nombre?&lt;br /&gt;-¿El nombre suyo? Ahora, llama: dolor, ¿después? Llamará: olvido...&lt;br /&gt;-Ese no es un nombre.&lt;br /&gt;-El, encierra y devora todos los nombres. Y, como si hubiese tropezado con algo la desnudez de su herida, la joven clamó, más que dijo:&lt;br /&gt;¡No me interroguéis, no me interroguéis! ¿Qué os importa mi pasado? Menos aun si es doloroso y triste, mi cuerpo ha sido vuestro, ¿qué más queréis? ¡Haz lo que quieras con mi cuerpo pero no toquéis mi alma! y, como si temiese que por debilidad le arrancase su corazón para mirarlo, la joven trató de incorporarse bruscamente del lecho, pero la detuve, diciéndole: perdóname vida mía, no lo volveré a hacer, y la cubrí con las ropas de la cama, con un gesto de verdadera y tierna delicadeza. Un gran sentimiento de piedad me vino al corazón, ante aquella mujer silenciosa, llena de poesía, tan misteriosa y tan inconsolablemente triste, y el poeta que dormía en mí se despertó, y mi musa abandonada vino a besarme en esa hora de felicidad sublime y, escribí en mi diario prosas asonantadas, lapidarias y sonoras, como queriendo decir: Yo también sé el camino de la inspiración. Y, en esa prosa rítmica, esculpí y canté el cuadro de mi ventura:&lt;br /&gt;“Un silencio rumoroso, idólatra y religioso, un silencio de santuario, había en torno a ese sagrario, donde inerte y descuidada ¡Oh, mi diosa! ¡Oh, mi adorada!&lt;br /&gt;“Y, en la atmósfera vagaban, mil perfumes que embriagaban; y en los ruidos vagorosos, habían besos amorosos, que vibraban y cantaban en el rayo de la luz.&lt;br /&gt;“De rodillas ante el lecho, con las manos en el pecho, conteniendo los latidos de mi pobre corazón, yo en silencio te adoraba y en silencio recordaba, que esa noche ya pasada ¡Oh, mi negra desposada! Te dormiste entre mis brazos, y al reclamo de mis besos y al calor de mis abrazos, se abrió tu alma a mis caricias, de tu amor con las primicias, como al rayo del sol fulgido la rosa abre su botón.&lt;br /&gt;“Y, al mirarte así rendida, recordándote vencida, busqué un sitio y a tu lado, yo el león domesticado la cabeza recliné...&lt;br /&gt;“Y, pensando en el hastío y en el olvido hosco y sombrío, y pensando en que pudieras olvidarme o yo perderte, tuve miedo de la vida, sentí anhelos de la muerte, lloré mucho y en silencio, en silencio te imploré”.&lt;br /&gt; Después me acerqué al lecho, y haciendo como había escrito, coloqué mi cabeza en la almohada y puse mis labios en los de mi idolatrada. Glinnila, abrió los ojos, sus grandes ojos de zafiro, somnolientos, echó atrás su cabellera, río de espigas luminosas, puso los brazos en cruz, y se desperezó indolente con un gesto de ninfa acuática, mientras la luz jugueteaba en los bellos jazmines de su cutis, centellando en el polvo de oro de sus encantos desnudos.&lt;br /&gt;¡Eva!&lt;br /&gt;¡Eterna Eva! ¡Tentadora de amor!&lt;br /&gt;¡Bendita seas!&lt;br /&gt;Desde aquel día nos vimos tres veces por semana, en el mismo sitio, y repetimos los mismos ritos de amor.&lt;br /&gt;La misericordia de la vida, nos da el amor como el más suave elixir del olvido que puede apurar el alma angustiada de un hombre, frente a los dolores irremediables. De ese licor habíamos bebido Glinnila y yo y nos embriagábamos de él; devorábamos nuestra felicidad como a un fruto lleno de dulzura, y la envolvíamos en los cendales del silencio. Y, nuestros cuerpos se unían como nuestras almas, en un fervor olvidadizo de las cosas que nos rodeaban. Bien pronto,  no fueron bastante esas horas para vernos y amarnos, y buscábamos para eso hasta el seno más oscuro de la noche. Vivíamos siglos en la sensación deliciosa de aquellos besos que parecían hacernos inmortales. Sólo la luz inoportuna de la aurora venía a llamarnos a la vida real, a separar nuestros corazones cada vez más ilusionados- porque la ilusión vive en todo: hasta en el corazón turbado de dolor y en el seno agotado de la muerte. En ese olvido vivimos, hasta aquella tarde que en el jardín, Glinnila, más adorable que nunca, me reveló la dulce verdad: estaba encinta, y se quedó viviendo definitivamente en mi dulce hogar. Y, la vi embellecer, como en una maravillosa transfiguración. Al mismo tiempo, ella, consolada, apasionada y conmovida por aquel afecto que la rodeaba de cuidados y de atenciones cuasi paternales, se enorgullecía ante aquella cosa inmensa que se llama amor; y en la gloriosa aceptación de su destino, ponía tan candorosa pasión, se hacía tan filialmente tierna para con migo, que sentía engrandecer mi corazón. Mis libros de Física y Matemática, inconclusos, aquellos en que vivía gloriosamente mi alma viril, volvieron a sentir la fuerza opresora de mi pensamiento y mi didáctica. La fiebre del trabajo, la radiosa alegría de producir volvió a apoderarse de mí; y la maravilla de las leyes físicas, y la belleza de los números, llenaron las páginas vírgenes, como un gran río crecido que inunda una llanura. Glinnila, añadía a sus otros cuidados, amor hacia mí. Ella misma pasaba a limpio los borradores, me ayudaba a corregir las pruebas, recogía y catalogaba los originales. Salíamos muy poco y rara vez recibíamos visitas; apenas sí frecuentábamos cines y teatros. No se nos veía jamás en cafés, y vivíamos abrazados a nuestra tranquilidad  como a un escudo. Mi corazón conquistado por el amor, tenía la dulce y aterradora mansedumbre de un león dormido, se diría que había amado siempre.&lt;br /&gt;Glinnila, cuya salud florecía como un rosal en primavera, bajo las dulces ternuras que rodeaban su existencia, empezó a sentir síntomas de parto, y fue hospitalizada ese mismo día. Esperé con el corazón lleno de incógnita y de tristeza. Al largo rato, salió el médico que la atendía, y con semblante tranquilo, me informó que Glinnila había dado a luz dos varones. Cuando  llegué donde estaba ella, la vi inmóvil, pálida y feliz, y a su lado los dos infantes que dormían. La abracé y la besé en la frente, y mirando a los niños dije: Tú, que eres el mayor te llamarás Idin II, y tú, que eres el menor, serás Adrián II. Ella, contagiada de aquella alegría, me sonrió débilmente, me tomó las manos y me atrajo contra su pecho con gesto maternal, y con lágrimas de emoción dijo: Mi amor, estoy plenamente convencida que esos nombres encierran algún misterio en tu corazón o tienes un “alma mística”.  &lt;br /&gt;Aquella mujer enferma me parecía más bella que antes, y comprendí que no podía separarse de ella...&lt;br /&gt;Todas mis ternuras, todos mis deseos antiguos me subían al corazón en un flujo desbordante, y me estremecía nerviosamente al recuerdo de mis ingratitudes, que hoy se me hacían odiosas y monstruosas...&lt;br /&gt;¿Cómo había podido hacer llorar tanto aquellos ojos prismáticos que eran como el espejo de su alma?... Una sed infinita de hacerse perdonar me subió al corazón.&lt;br /&gt; Nuevos informes médicos me hicieron conocer que Glinnila retrocedía en su curación, una hemorragia imprevista se había presentado y su debilidad agónica no podía casi resistirla...&lt;br /&gt;Yo, en el hospital no se separaba de ella, y preocupado ya no hallaba como consolarla y, la miré vencida por la fiebre, calmada bajo la influencia de las drogas, extenuada, apenas visible bajo las grandes sábanas que la cubrían y, en el denso silencio donde el ojo humano apenas veía la constante presencia de las cosas, la tomé de las manos, y casi de rodillas la miré dormir. Aquellas manos ardían como una brasa y el pulso apenas se sentía palpitar bajo la piel.&lt;br /&gt;¡Cómo crecía mi amor hacia aquel ser frágil e idolatrado por mí que apenas se dibujaba allí como un sueño de luna!...&lt;br /&gt;Un gran deseo me vino de morir también al lado de aquella rosa que se marchitaba bajo el tétrico esplendor de la nada, ídolo de mi corazón, que guardaba aun el recuerdo de las caricias pasadas, y sufría el castigo de mi idolatría a la cual había dado mi esperanza cándidamente... Mi dolor crecía siempre inmensamente, desnudo, inconmensurable como un cielo y, sentí cómo la mendicidad de mi corazón era vasta, vasta como el espacio y, vi que no había limosna terrestre para mi soledad espantosa que era como un principio eterno de la muerte...&lt;br /&gt;La luz matinal hizo abrir los ojos a Glinnila, pesados de fiebre y llenos de un sueño malo, como una aglomeración de visiones. Se incorporó penosamente; fui en su auxilio, la tomé en mis brazos y arreglé en torno suyo las almohadas dispersas, la acaricié como a un niño, la besé en la frente sudorosa y la abracé tiernamente contra mi corazón.&lt;br /&gt;-¿Has dormido bien amor mío?- le pregunté-, mirándola fijamente a los ojos.&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;-¿Sufres?&lt;br /&gt;-No.&lt;br /&gt;Su voz era débil como un gorjeo de pájaro, y de sus ojos febricitantes se escapaba la gratitud como un himno.&lt;br /&gt;-Y, tú, ¿has dormido amado mío?&lt;br /&gt;-Sí, toda la noche; y la mentira corrió de mis labios como una miel de misericordia, y se extendió como un bálsamo sobre los bordes de aquella herida incurable; y mi corazón cargado de verdades, se miró en los posos grises de aquellos ojos sumidos en la penumbra, ojos que esa mentira hacía luminosos como lagos de asfaltos heridos por el sol.&lt;br /&gt;La fiebre y la hemorragia agotaron tal mente las fuerzas de Glinnila que en aquel momento daba la impresión de muerte. Asustado, la llamé a grandes gritos desesperados:&lt;br /&gt;¡Glinnila, Glinnila!...&lt;br /&gt;Ella abrió los ojos brumosos, llenos de penumbra, y me miró vagamente, como si volviese de limbos muy remotos...&lt;br /&gt;Glinnila, Glinnila- sollocé-...&lt;br /&gt;No es nada, no es nada, dijo ella, débilmente intentando sonreír. La abracé con desesperación, ante esa visión de la muerte en los ojos adorados; y ambos temblamos en conjunto, en ese silencio lleno de amenazas... Ella, al verse tan consentida, lloró dulcemente, un reparador llanto de felicidad; yo la miré llorar, hundida en esa embriaguez de ventura, llena de una extraña sensibilidad, ante aquella felicidad de muerte que parecía un crepúsculo, y calló largo tiempo.&lt;br /&gt;-Perdóname- dijo ella-, volviéndose hacia mí, y reclinó sobre mi pecho varonil la cabeza triste y casi inerte, como para sentir por última vez cerca, aquel corazón misterioso lleno de tumultos... y, un gran soplo de melancolía pasó por nuestras almas, como bajo un cielo incoloro, sobre un río de silencio...&lt;br /&gt;Glinnila, ya no se levantó del lecho. Los médicos, desesperados, hicieron hasta lo imposible por salvar aquella vida, todo fue inútil, su corazón misterioso al fin dejó de latir.&lt;br /&gt;Quedé como aterrado a causa del dolor. Y en mi desesperación, tomé los niños, salí con pasos lentos y me perdí en las sombras negras de la noche, envuelto en el eco de mi voz que decía: mi alma triste, profundamente triste, abrumada por el peso de tantos recuerdos dolorosos y tantas desdichas presentes, no tiene ni aliento ni voluntad para seguir resistiendo este infortunio monstruoso engendro de un destino desgraciado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-2415225178216240098?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/2415225178216240098/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=2415225178216240098' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/2415225178216240098'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/2415225178216240098'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2009/03/glinnila-3.html' title='Glinnila (3)'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-6945079629126457186</id><published>2009-01-14T19:42:00.001-08:00</published><updated>2009-01-15T18:04:25.467-08:00</updated><title type='text'>Glinnila</title><content type='html'>(2)&lt;br /&gt;... “Toda mujer es Salomón en el amor: el don de sabiduría le es innato”.&lt;br /&gt;Glinnila comprendió bien que la tarea de la conquista de este ingenuo, de esa seducción al revés, le estaba encomendada y perfumó el camino.&lt;br /&gt;Una de aquellas tardes en que hacían deporte en el Colegio Instituto Litoral Pacífico de Nuquí, manifestó deseo de pasear a orillas del mar.&lt;br /&gt;¡Oh, mar tan lindo, romántico y sublime!&lt;br /&gt;¡Oh, playas en declives tan hermosas! Embargados de una tranquilidad insospechable.&lt;br /&gt;Era una tarde serena, turbadora como una decoración de sueño, una calma profunda, como adormecida, una quietud protectora y cómplice, en la atmósfera saturada de perfumes extraños.&lt;br /&gt;Ella, apoyada suavemente en mi brazo, hablaba con una voz dulce,  confidencial y acariciadora, que me producía, como un éxtasis en el corazón, como la desfloración misteriosa de un beso, y me envolvía en largas miradas hipnotizadoras, que me erizaban la piel y despertaba en mí todo el fuego de un deseo ardiente y apasionado, estremecido al contacto de algo intenso que fluía de aquel cuerpo de mujer.&lt;br /&gt;La calma de la tarde que se aproximaba nos cubría, y ella continuaba envolviéndome en la llama salvaje de sus ojos, en las lenguas de fuego de sus frases incensadas.&lt;br /&gt;Yo temblaba perplejo y asustado por encontrarme al lado de esa estatua escultural, símbolo de la belleza y del amor. Y el hecho inexorable se cumplió: jugamos a la comedia del amor.&lt;br /&gt;Los paseos eran melancólicos entre la música del agua y de las olas, que parecían unirse para cantar un himno de amor a la extraña joven que llegaba. El brillante verde mar de los arbustos se hacía reverente a nuestro paso, adornando su cabeza pensativa. &lt;br /&gt;Ella era feliz en aquella sensación que parecía disolver su alma en el alma de la naturaleza.&lt;br /&gt;En la inexpresable delicia, una tarde en que nos alejamos sin pensarlo, nos internamos por un laberinto de arbustos, en donde una fuente de agua cristalina se deslizaba lentamente bordeando unas matas de azucena. Rendida se sentó al borde de la fuente, apoyando la espalda en un guayacán florido y, yo, me senté a su lado; las sardinas de la fuente acudieron presurosas, como esperando un alimento de las manos de Glinnila, que se introducían en el agua cristalina, mientras nos cubría una lluvia de hojas amarillas que caían de los árboles desnudados por el viento otoñal, que barría también las nubes en ese poniente tierno de llamas moribundas. Mirándola dolorosamente al rostro, lleno de una mortal quietud, le pregunté:&lt;br /&gt;-¿Se siente bien?&lt;br /&gt;-Sí, dijo ella con una voz de infinita dulzura. Entonces, como si sintiese la necesidad de expresarle todo mi amor, y de aprovechar los momentos que huían, me apresuré a decir: &lt;br /&gt;-¡Cuánto he sufrido con su indiferencia! No me atreví a hablarle por temor a ser rechazado, con el profesor Evangelista le envié una nota, ¿la recibió?&lt;br /&gt;-Sí, me sentí feliz, lloré mucho, porque su carta es tan sincera y triste...&lt;br /&gt;-Hoy le digo lo mismo que en ella. No se imagina usted lo torturado que me siento, ya no duermo sino pensando en usted y, a la aparición de sus recuerdos lloro.&lt;br /&gt;-¡Glinnila! ¿Siente algo su corazón por mí?&lt;br /&gt;Ella calló, con el rostro empurpurado como si todo el esplendor de la hora taciturna hubiese caído sobre las azucenas de sus mejillas, incendiándolas. Y, en esa onda silenciosa, había vibraciones extrañas, como las de las olas subterráneas que baten las entrañas de un peñón; era la mano de un sueño y una nobleza de sentimiento que degollaba a otro sueño en el propio corazón. Con voz trémula, como surgida del más remoto seno de mis entrañas, insistí, y tomando una de sus manos, e inclinándome sobre ella, le dije: ¿Por qué me tortura tanto? Mi alma es débil pero bella y mi corazón es puro como una mañana primaveral... Sobre mi cabeza inclinada cayó una lágrima, tan ardiente que la alcé sorprendido, y mirándola fijamente en los ojos enturbiecidos, le dije temblando de alegría: ¿llora usted? ¡Ah! Entonces... ¿me ama usted?&lt;br /&gt;-Sí, dijo ella con una voz profunda y grave, en la cual vibraba la ofrenda de su alma. Permanecimos así, mudos y absortos, como si en esos momentos hubiésemos vivido muchos años...&lt;br /&gt;Las sombras crepusculares descendían; la sesgada luz del sol deslizándose por entre los tupidos ramajes que nos cubría cegaba mis ojos. Acá y allá, en torno de ella, en las hojas por el suelo, estremecíanse luminosas manchas, como si una turba de colibríes, al volar, hubiesen esparcido plumas relucientes de sus alas membranosas. El silencio lo dominaba todo, y de los árboles se desprendía un aliento suave y vagabundo, esparcido por la brisa marina de aquella tarde llena de amor y de poesía.&lt;br /&gt;Luego, ella, poniendo ligeramente la mano sobre mi hombro, se incorporó por medio de un salto, dando ocasión por un momento que asomase por entre las anchas faldas de su vestido un pequeño pie, preso en un botín color violeta. Los rizos de sus cabellos brillantes como el oro, deslizándose por las alas de un sombrero de paja chocoana, caían sobre su rostro que parecía haber robado la lozanía y el colorido de las más frescas rosas. Frente espaciosa e inteligente, ojos límpidos como el cielo azul que nos cubría, coronados por unas cejas finas, arqueadas y más oscuras que el cabello; una nariz perfilada, casi transparente, que es el mejor distintivo de la imaginación y del ingenio; y por último una boca pequeña y rosada como el carmín, cuyo labio inferior la hacía parecerse a las princesas  de la casa de Austria, por el bello defecto de sobresalir algunas líneas al labio superior, completaban lo que puede describirse de aquella fisonomía distinguida y bella, y en que cada facción revelaba la delicadeza de su alma, de organización y de raza, y para cuyo retrato la pluma descriptiva de los artistas es siempre ingrata.&lt;br /&gt;Por fin, Glinnila rompió el silencio: se nos hace tarde- dijo-, y tomamos el camino de regreso.&lt;br /&gt;Cuando llegamos a la casa de mis padres, que nos esperaban preocupados, había en nuestros rostros tan notorio cambio, que los viejos sonrieron. Nos sentamos cerca de mi madre; ella tomándonos de las manos, nos las unió, mirándonos con los ojos húmedos de llanto y diciendo con voz trémula de emoción: En nombre de Dios y de la virgen, y selló nuestras manos unidas con el beso de sus labios venerables.&lt;br /&gt;Yo he sido siempre un sentimental, y una pureza nativa aureola todos sus sueños de amor; y frente a una mujer como Glinnila, sentí más que una pasión profunda y delicada que se alzaba en lo más hondo de mi alma por sobre todas las cosas viles de la tierra, hacia regiones remotas de las más graves purezas. Fantástico en los asuntos pasionales, me di a cultivar con delirio esa vaga sensación que llenaba todo su ser, y que no quería analizar por temor a destruir. Estar junto a Glinnila, verla, oírla hablar, fue ya toda mi aspiración; ya no había para mí bellos paisajes de los cielos, de los mares y de la tierra, sino mirada en los ojos de Glinnila; y no había armonía, ni música en los aires, ni en las palabras, sino brotaban de esa fuente de melodía que eran los labios de Glinnila; y, ¿ella? Trataba de permanecer extraña a esa pasión naciente que crecía y se alzaba blanca y pura como una aurora primaveral.&lt;br /&gt;En las tardes expirantes, a orillas de la gran bahía, llena de luces estelares, las miserias de nuestras almas se juntaban y se recalentaban, como dos niños friolentos sobre el seno de una misma madre, tocados de una sensibilidad misteriosa, ante ese amor que veíamos nacer como una flor de gloria en nuestros corazones, coronados de aureola; y, sobre las playas luminosas, en los palmares claros, cerca al ímpetu doloroso de las olas arrulladoras, nuestras almas se buscaban, se confundían, se saturaban de amor, de un amor triste, que en nosotros tenía el infinito de todas las insatisfacciones; y, continuábamos así, ante la queja cercana del mar, que parecía hablarnos del eterno olvido, en la terrible esterilidad de nuestras vidas sin venturas. Amándonos así, con emociones tenebrosas, en las tardes entibiecidas, prendimos sobre el cielo borroso de nuestras vidas un nuevo sol.&lt;br /&gt;Hipnotizados y encadenados por aquella pasión fatal decidimos tomar el mismo avión de Nuquí para Quibdó.&lt;br /&gt;Inmenso y calmado el mar se extendía, y desde el firmamento se observaba, allá lejos, majestuoso y brillante en ese horizonte despejado. Las nubes blancas como copos de nieve pasaban lentamente como una bandada de aves en derrota. Abajo se divisaba el terciopelo misterioso del valle del Atrato; y, mientras el avión surcaba el inmenso espacio taciturno, mi mente meditaba,...&lt;br /&gt;“¡Cómo agobia al hombre llevar sobre sí mismo el peso de su propio corazón! Cuando más felices aquellos que la muerte ha inmovilizado en las riberas de la eternidad. Es por el camino del corazón que vamos al vencimiento; es por él que somos sufrimiento vivo; es por él que somos felices; es por él que permanecemos adheridos a la Tierra y al amor... todo el dolor viene de él... él contiene toda la debilidad de la idolatría; él, es una adoración. La mirada de amor, la palabra de amor, el sueño de amor ¿quién los dicta?; esas cosas vagas y terribles que entenebrecen nuestra alma ¿quién las forja?, el corazón... ¡el corazón! ¿De dónde esa fiebre de amor que nos hace agonizar bajo un firmamento de sueño, en un jardín de esperanzas suplicantes?, del corazón, de la dulce claridad del corazón...&lt;br /&gt;“La mendicidad del corazón es un desencadenamiento de miseria, no se sacia jamás; por eso nuestra vida es un gesto de abatimiento, un vacío incolmable de tranquila inmensidad”. Y, era por el corazón que agonizábamos los dos peregrinos del amor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;http://www.lulu.com/content/1431634&lt;br /&gt;http://cesarrodriguez.bubok.com/&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-6945079629126457186?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/6945079629126457186/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=6945079629126457186' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/6945079629126457186'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/6945079629126457186'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2009/01/glinnila_14.html' title='Glinnila'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-7980612245904443682</id><published>2009-01-12T17:01:00.000-08:00</published><updated>2009-01-13T02:28:10.940-08:00</updated><title type='text'>Glinnila</title><content type='html'>Glinnila&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez que leo algún párrafo de la novela “Alma Mística”, http://www.lulu.com/content/1431634&lt;br /&gt;http://cesarrodriguez.bubok.com/&lt;br /&gt;siento una especie de estremecimiento portentoso como cuando vi a Glinnila por primera vez. Avanzaba ella en las tonalidades amatistas y violetas del paisaje, con su belleza de madona, cual si se desprendiese de un cuadro de devoción.&lt;br /&gt;En la beatitud languidecente de la hora y la semicalma augusta de la escena virgiliana, ella era como una gran flor de nieve, un lirio de ópalo, abriendo sus pétalos eucarísticos en la brisa densa de la bahía rumorosa.&lt;br /&gt;En la atmósfera lánguida, pesada con el calor de la hora, el viento susurraba como un arpa mágica en el silencio profundo y, ella, avanzaba descuidada, soñadores los grandes ojos visionarios, con un gesto sonambúlico por el sendero arenoso.&lt;br /&gt;Absorta en no sé qué ensueño como de cosas lejanas,  no había visto a los dos que la observaban, y al hallarse así frente a nosotros, en la playa solitaria, tuvo un movimiento de sorpresa, cuasi de miedo y se detuvo. Quedó un momento abrazando un canasto lleno de conchas marinas, que abarcaba con sus brazos como para protegerlo y protegerse de aquel peligro imaginario.&lt;br /&gt;Contestó apenas nuestro saludo con una leve inclinación de su cabeza, llena de una vergüenza algo infantil, y desapareció presurosa bordeando la ribera. Y, quedamos solos, a orillas del mar, viendo perderse allá, lejos, la negra cabellera que el crepúsculo incendiaba sobre la espalda como una púrpura real, y la forma ondulante y morena que desaparecía como un fantasma de ilusiones.&lt;br /&gt;Y, temblé como ante algo misterioso, alzado cerca de mí en el fondo oscuro de una selva.&lt;br /&gt;¿Quién era ella?&lt;br /&gt;¿De dónde surgía esa flor radiante de belleza, encarnando en la euritmia de sus líneas, todo el ideal, toda la poesía y todo el deseo de la vida, centellando en el fondo de la noche divina que se desprendía de sus pupilas de abismo?&lt;br /&gt;-¡Qué mujer tan linda!- exclamé yo- ¿Cómo se llama?, le pregunté a mi colega.&lt;br /&gt;-Glinnila- respondió Evangelista.&lt;br /&gt;-¿De dónde es?&lt;br /&gt;-De Nuquí, y estudia en el Colegio.&lt;br /&gt;Mientras  Glinnila escuchaba distraída la clase de literatura en un aula del Colegio, miradas extrañas la espiaban, un corazón amante suspiraba cerca de ella.&lt;br /&gt;Mi culto silencioso fue como el de Vespertino por la Lámpara Sagrada: siempre girando en torno a ella y siempre lejos…Y cuando ella transitó cerca de mí, me provocó casi postrarme, como si hubiera pasado en sus andas doradas la Virgen del Carmen que era la patrona de aquel pueblo. Vinieron desde entonces, las noches de insomnios, las nostalgias asfixiantes, las ilusiones y anhelos de esa fiebre encantadora que se llama amor. Amor de veinte años, fresco y puro como una mañana primaveral, amplio y despejado como un horizonte, casto y primitivo que se desbordó en mí. No era ese amor superficial de los jóvenes de la ciudad, mancillados con besos de meretrices y abrazos de sirvientas: amor de deseos torpes; amor marchito, nacido en corazones gastados y sin fuerzas, para esas grandes pasiones que llenan, embellecen y acaban con la vida. Así no era mi amor... &lt;br /&gt;Culto no confesado, crecía en el silencio de mi corazón y se alimentaba en el aislamiento de mi alma.&lt;br /&gt;¿Cómo atreverme a confesarle ese martirio? De pensarlo no más me estremecía.&lt;br /&gt;¿Cómo arrancar entonces ese amor? ¡Oh, no lo quería tampoco! Consumirme en llamas era mi ideal.&lt;br /&gt;¡No hay necesidad de despertar los recuerdos, ellos llegan a su hora, mendigos habituales que vienen a pedirnos una pequeña contribución de nuestras lágrimas, y hemos de dárselas!&lt;br /&gt;En mi lecho solitario, llevé a la mente aquella figura señorial que llamé Glinnila. Me parecía verla en ese andar cuando se esfumó como un espanto en la salida del colegio y, en esas tantas noches de desvelos, era el recuerdo, el deseo de mi alma, los que torturaban lentamente mi corazón y, en mis visiones, era ella, la adorada, la que se me abrazaba al cuello, me quemaba con sus ojos, me devoraba con sus besos, y se extendía a mi lado, bella como una Venus con su rostro de madona.&lt;br /&gt;Pálido, jadeante, me levantaba entonces, como para expulsar de allí aquella extraña visión…&lt;br /&gt;Y, apoyando mi frente contra el cristal de la ventana, con aire extraviado de un presidiario en la puerta de su reja, permanecía absorto horas enteras, mirando en la sombra, ¿qué? La cara de Glinnila; y la gran tentación, la rosa de carne con pétalos de deseos que creía haber dejado sobre el lecho, se me aparecían, entonces allá, a lo lejos, con blancuras diáfanas, en transparencias de ópalo, bajo la arcada misteriosa de los árboles, ofreciéndome sus labios, en el esplendor de su belleza desnuda, allí, sobre la grama húmeda, sobre el campo florecido, bajo aquel cielo estrellado, en el ideal del refinamiento y del misterio. Y, luego, la visión se alejaba lenta, pausadamente, con la cabellera cuasi negra, coronada de orquídeas, destrenzada bajo la caricia de los dedos de la noche violadora, destacándose como una flor de nieve sobre la campiña verde, llamándome para lejos, más lejos, a la profundidad de los bosques, entre los matorrales impenetrables, hacia blandos lechos de musgos, a la gran cópula carnal y al beso irredimible; y como Silvano Loco, íbame en pos de la ninfa de mis anhelos. De repente, un fulgor blanco despuntaba del cielo, cual si el ala de un pájaro de nácar hubiese roto la cortina umbría. Y aquella irídea claridad naciente, anunciaba a la tierra el despuntar el día. Despertaba el valle somnoliento, bajo un manto verde de esmeraldas; y en infinita variedad, los lirios levantaban su lánguida corola; y, yo,  con la cabeza entre las manos, perseguido por mis pensamientos, me veía a esa hora todo aletargado estallar en sollozos, y, quedaba absorto…&lt;br /&gt;¿Soñaba o meditaba?&lt;br /&gt;¿En qué comarca del país azul volaba mi alma?&lt;br /&gt;¿Estaría en las regiones apacibles, donde bajo un cielo puro, nacen las pálidas flores, los geranios enfermos de la fe?&lt;br /&gt;¿Vagaría en esos valles encantadores, donde bajo un cielo ardiente, abren sus cálices de púrpura, las rosas del deseo y se extiende exuberante la floración divina del amor?&lt;br /&gt;¿Escucharía la música de un lejano país, que tenía mucho de ensueño y donde el coro de los poetas cantaba a sus oídos el himno suave de la eterna dicha?&lt;br /&gt;Así, torturado por la visión, permanecí horas enteras, hasta que en una de esas tantas noches de desvelo, que no pude conciliar el sueño, invité a unos amigos, y bajo la ventana por donde dormía Glinnila, entonamos una de esas serenatas apasionadas y melancólicas, producto de corazones enamorados. Cantamos con el alma esos paseos y vallenatos hechos para hacer soñar y hacer sufrir a las almas sensibles. Y cuando callábamos, el eco de nuestras voces varoniles, esparcidas en cadencia, iba a perderse en el aire calmado, bajo el cielo brumoso, en aquellas inmensidades vagas del mar. Allí nos sorprendió el crepúsculo; momento en que, como una diosa que abandona con la primera luz del alba el lecho tibio de plumas y musgos en que dormía, Glinnila arrojó a sus pies la manta y ligera saltó del lecho suyo. En pie sobre la alfombra dejó caer la túnica importuna, que rodó a sus plantas cubriéndolas por completo. Y así, parecía como emergiendo de las espumas inmaculadas del mar, cual si apoyase sus pies en una ostra nacarada en perlas y corales. Y quedó allí, desnuda, casta, impotente. La estancia toda parecía iluminada al resplandor radiante de su cuerpo.&lt;br /&gt;“¡Deidad terrible la mujer desnuda. Terrible porque así es omnipotente!”&lt;br /&gt;Glinnila en su desnudez de diosa, sola en ese templo sin creyentes, sobre la piedra consagrada del altar, se entregó a la inocente contemplación de su belleza inigualable. Y, en la atmósfera calmada, tibia con los perfumes de su cuerpo, se sentía en el aire algo así como las vibraciones del himno triunfal de su hermosura.&lt;br /&gt;Venus saliendo de las espumas inmaculadas del mar, no fue más bella que aquella virgen, surgiendo así de su lecho, blanco como la nieve, donde quedaban intactas, tibias todavía, las huellas de su cuerpo perfumado.&lt;br /&gt;   Arrojando a un lado y a otro la mirada ingenua de sus ojos, aun somnolientos, avanzó unos pasos y se halló frente al espejo, que parecía temblar ante el encanto y el huracán de esa belleza desnuda. Sus pechos pequeños, erectos, duros, con delicadas venas azules que terminaban en un botón vivo, color de sangre joven; por su perfección, podrían como los de Elena, haber servido de modelo para las copas del altar. Su cuello largo y redondo como la columna de un sagrario. Sus piernas duras y torneadas remataban en pie diminuto, de talones rojos como claveles de valle, y dedos que semejaban botones de rosas aun sin abrir en el crepúsculo.&lt;br /&gt;Frente al espejo se contemplaba serena, aquella contemplación era inocente, se veía y se admiraba, tenía el casto impudor de la infancia, era descuidada porque así era pura, y sin embargo, en aquella hermosa esmeralda humana se ocultaba el fantasma del dolor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;http://www.lulu.com/content/1431634&lt;br /&gt;http://cesarrodriguez.bubok.com/&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;César Rodríguez valencia&lt;br /&gt;crovalen@gmail.com&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-7980612245904443682?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/7980612245904443682/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=7980612245904443682' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/7980612245904443682'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/7980612245904443682'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2009/01/glinnila.html' title='Glinnila'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-7221652060720949620</id><published>2008-11-07T15:26:00.001-08:00</published><updated>2008-11-07T15:34:19.823-08:00</updated><title type='text'>Carta abierta</title><content type='html'>Estimado lector:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi condición de licenciado en Matemática y Física, Especialista en Física  y Magíster en Física de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, y actualmente profesor de Física Experimental en el Departamento de Física de la Universidad de Panamá, muy respetuosamente me dirijo a ustedes con el fin de hacer algunas consideraciones: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo 24 años de experiencia docente en Física y Matemática en la República de Colombia y 5 años de experiencia docente en Física y Matemática en la República de Panamá. En vista de que en mis 29 años de docencia no he podido conseguir un libro completo de física experimental, ahora, durante mi permanencia en la Universidad de Panamá, me di a la tarea de escribir el manuscrito que acabo de terminar, con una extensión aproximada de 305 páginas, y en donde aparecen las guías de laboratorio para la mecánica clásica, la termodinámica, el electromagnetismo, las ondas, la mecánica cuántica y la radiactividad. El libro ha sido escrito para ser aplicado en secundaria o en la universidad, según sea el caso, y consta de 74 experimentos con sus guías correspondientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El proceso de enseñanza y aprendizaje de la física es más efectivo cuando se combina la parte teórica con la experimental al mismo tiempo. En muchos  casos, la experimentación no significa que tengamos que recurrir a un laboratorio, sino, simplemente hacer un análisis cuantitativo de fenómenos físicos en el salón de clase, muchas veces con datos imaginarios que nos sirven para lograr los objetivos y facilitar la compresión de un fenómeno físico determinado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El presente libro de física experimental que pongo a disposición de profesores y estudiantes latinoamericanos, sigue las nuevas orientaciones metodológicas y científicas para la enseñanza de esta importante rama de las ciencias básicas, las cuales constituyen el sendero más adecuado para viabilizar el ingreso a la modernidad de nuestra sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los estudiantes de Medicina, Biología, Odontología, Arquitectura, Química, Matemática, Física, …, tienen que cursar la asignatura Física, tanto teórica como experimentalmente, y en Panamá no poseemos un libro guía completo en donde se puedan encontrar  las pautas para la realización de una experiencia específica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos los colegas de Física están a la espera de que dicho libro de física experimental sea publicado para dárselo a los estudiantes como libro guía en el semestre correspondiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por todo lo anterior, muy dignamente solicito a ustedes su concurso o contribución para ver si logro que el mencionado libro de Física: “FISICA EXPERIMENTAL DIDÁCTICA” , con portada realizada por el amigo Santyago Moro, sea publicado por alguna casa editorial en cualquier parte del mundo, como también en la República de Panamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como gratitud a cualquier contribución, pongo a disposición de ustedes mis servicios profesionales en Física y Matemática, tanto para usted como cualquier familiar o amigo suyo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En espera de una pronta y amable respuesta en el correo: crovalen@gmail.com, o en los teléfonos: (507) 3911258 residencia, 65678952 celular, 5236234 Departamento de Física, me suscribo de ustedes,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cordialmente,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;CÉSAR RODRÍGUEZ VALENCIA&lt;br /&gt;Prof. Departamento de Física&lt;br /&gt;Universidad de Panamá&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-7221652060720949620?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/7221652060720949620/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=7221652060720949620' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/7221652060720949620'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/7221652060720949620'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2008/11/carta-abierta.html' title='Carta abierta'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-558902330348256691</id><published>2008-11-03T19:56:00.001-08:00</published><updated>2008-11-03T19:56:57.729-08:00</updated><title type='text'>Física y Matemática fácil</title><content type='html'>Este blog (http://fisicamatematicafacil.blogspot.com)está hecho, exclusivamente, para personas interesadas en temas de física y Matemática, o aquellos estudiantes de secundaria y universitaria que tienen pocos conocimientos en el ramo y desean adquirirlos.&lt;br /&gt;La física (griego φύσισ (phisis), realidad o naturaleza) es la ciencia fundamental sistemática que estudia las propiedades de la naturaleza con ayuda del lenguaje matemático. Es también aquel conocimiento exacto y razonado de alguna cosa o materia, basándose en su estudio por medio del método científico. Estudia las propiedades de la materia, la energía, el tiempo, el espacio y sus interacciones.&lt;br /&gt;La física no es sólo una ciencia teórica, es también una ciencia experimental. Como toda ciencia, busca que sus conclusiones puedan ser verificables mediante experimentos y que la teoría pueda realizar predicciones de experimentos futuros. Dada la amplitud del campo de estudio de la física, así como su desarrollo histórico en relación a otras ciencias, se la puede considerar la ciencia fundamental o central, ya que incluye dentro de su campo de estudio a la química y a la biología, además de explicar sus fenómenos.&lt;br /&gt;El proceso de enseñanza y aprendizaje de la física es más efectivo cuando se combina la parte teórica con la experimental al mismo tiempo. En muchos casos, la experimentación no significa que tengamos que recurrir a un laboratorio, sino, simplemente hacer un análisis cuantitativo de fenómenos físicos en salón de clase, muchas veces con datos imaginarios que nos sirven para lograr los objetivos y facilitar la compresión de un fenómeno físico determinado.&lt;br /&gt;Movido por las muchas razones expuestas por profesores y profesionales de física, he decidido dar el primer paso para contribuir en el mejoramiento de la enseñanza física haciendo uso de esta tecnología.&lt;br /&gt;No podemos desconocer la relevancia de la física, razón por la cual debe ser enseñada en todos los centros de educación secundaria y superior con orientaciones en la investigación científica aquí en Panamá o en "cafarnaún", y es por ello que me porgo a disposición de ustedes con el propósito de contribuir en el mejoramiento de la enseñanza de esta importante rama del quehacer humano.&lt;br /&gt;Actualmente acabo de culminar un libro de Física experimental: "Física Experimental Didáctica", que consta de 310 páginas, con 73 experiencias de Física, en donde se incluyen temas de mecánica clásica, termodinámica, electromagnetismo, ondas, mecánica cuántica y radiactividad.&lt;br /&gt;Todos aquellos padres de familia, estudiantes y profesores que estén interesados en un mejor proceso de enseñanza y aprendizaje para sus hijos, deben ponerse en contacto con migo a través de este blog o a través de mis correos: crovalen@gmail.com, crovalen@lycos.com, crovalen@hotmail.com.&lt;br /&gt;Con sentido de admiración y aprecio para todos los amables lectores&lt;br /&gt;Cordialmente,&lt;br /&gt;César Rodríguez Valencia&lt;br /&gt;Departamento de Física&lt;br /&gt;Universidad de Panamá&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-558902330348256691?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/558902330348256691/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=558902330348256691' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/558902330348256691'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/558902330348256691'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2008/11/fsica-y-matemtica-fcil.html' title='Física y Matemática fácil'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-2350804723131047268</id><published>2008-02-14T12:28:00.000-08:00</published><updated>2008-02-14T12:32:30.346-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Párrafo de una carta:http://www.lulu.com/content/1431634 &lt;br /&gt;...El día en que la conocí, no alcanzó a comprender la intención de mi alma, ni logró penetrar en mi cerebro febril, para adivinar, siquiera, que le estaba labrando un monumento de amor, no para enaltecerlo con mi nombre, sino para legárselo a usted como la herencia más significativa y más preciada. Y así, sin darme cuenta exacta de sus anhelos, fue creciendo en mi alma ese amor apacible hacia usted y al que le canto como una Alondra bajo el cielo paradojal de la esperanza.   &lt;br /&gt;Quiero que en una de esas tardes apacibles en que las olas llevan la canción de las espumas hacia las arenas doradas, y en que el susurro de las hojas brota de las palmeras como un himno de veneración y de realeza, disfrutemos juntos la puesta del sol en el ocaso, para ver si sobre el cielo borroso de nuestras vidas brilla un nuevo sol...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;http://www.lulu.com/content/1431634&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sisnela, entró a ella, seria, serena, erguida, alta la frente, inmutable y fatal, como la más pura de las esposas al más puro de los hogares; y pasaron por el iluminado gran salón familiar, hacia el dormitorio, cubierto de mármol el piso y sus paredes tapizadas en lila; y el gran lecho de caoba, con sábanas de terciopelo, adornado por un acuario, donde voloteaban decenas de palomas blancas y cantaban varios ruiseñores, apareció ante sus ojos.&lt;br /&gt;¡Salve virgen! Dijeron las brisas y las flores.&lt;br /&gt;¡Salve virgen! Cantaron los turpiales encerrados en jaulas de marfil.&lt;br /&gt;¡Salve virgen! Repitieron los ecos de la noche cuando como una paloma que entra al nido, la doncella intocada hundió sus carnes en las bellezas nítidas del lecho.&lt;br /&gt;Él la acarició con sus labios en los lóbulos de las orejas para excitarla, prolongó esa caricia por el cuello de marfil y el pecho adorable, que descubrió bruscamente, haciendo saltar fuera del vestido los senos duros y delicados como dos pétalos de rosa. Los acarició largamente, apasionadamente, devorando a besos las corolas rojas de aquellas flores de nácar, teñidos de un suave color canela. Allí descubrió la belleza de ese cuerpo de diosa, y tuvo orgullo de ver las divinas carnes reposando sobre su lecho, cálido y sensible, hecho de plumas de colibrí; y ya desnuda, quedó bocarriba, casta, pura y radiante, como una Venus emergiendo de las espumas inmaculadas del mar. Él se entregó totalmente a la contemplación de esa Venus en su desnudez de diosa; y en la atmósfera calmada, tibia con los perfumes de su cuerpo, se sentía en el aire algo así como las vibraciones del himno triunfal de su hermosura. La poseyó, suavemente, cuidadosamente, ardientemente, con una pasión tierna, sintiéndola gemir y sollozar bajo sus besos, en el encanto y el dolor de aquella desfloración.&lt;br /&gt;¿Cuánto tiempo estuvieron allí en brazos uno del otro? No habrían podido decirlo.&lt;br /&gt;-Mi amor, a propósito ¿cómo te llamas verdaderamente?- le preguntó él-, cuando ya satisfecha su pasión la miró desnuda sobre el lecho como una margarita desolada.&lt;br /&gt;-¿Yo?- balbuceó ella- como esquivando una respuesta inmediata y cubriéndose con los abrigos de la cama en un gesto noble bajo las claridades lunares...&lt;br /&gt;-Sí, tú.&lt;br /&gt;-Yo, me llamo una mujer.&lt;br /&gt;La repuesta evasiva y extraña, irritó a Yúnier hasta la cólera. &lt;br /&gt;-La respuesta es idiota- dijo él-, ése no es un nombre sino un sexo.&lt;br /&gt;Temerosa de haberlo disgustado, y como un poco miedosa, la joven dijo:&lt;br /&gt;-Perdóname mi amor, no quise ofenderte, pero, ¿te das cuenta cómo me encontraste? Creo que ya cumpliste tus deseos y, además, ¿qué os puede importar mi verdadero nombre? Es que las mujeres que somos de malas, tenemos uno: nos llamamos placer, algunas más felices se llaman: amor y, calló, como angustiada y, quedó muda, como en un abandono inmenso, aspirando un perfume de recuerdos removidos por el verbo profanador. El amor- murmuró Yúnier con un sordo rencor- como en una resurrección súbita de visiones, donde gritara el gran duelo de su corazón...&lt;br /&gt;¡El amor! ¿Sabéis vosotras las mujeres lo que es esa palabra?&lt;br /&gt;-No sabemos de ella sino lo que los hombres nos enseñan, lo que ponen en nosotras para llenar el gran vacío de nuestro corazón; él, es verdad o es mentira según lo dijeron los labios que nos iniciaron en sus secretos; ellos nos enseñan la sinceridad o la falsía; nuestra alma está hecha por la modelación de sus besos; fue la presión de sus labios la que la hizo alma de lealtad o de perfidia; todo iniciador de amor es un modelador de almas; la nuestra está siempre llena de su presencia. Absorto, inquieto, ante la oscuridad reminiscente de esta respuesta, Yúnier, a la vista de ese corazón misterioso, del cual el secreto pugnaba por escaparse como un perfume, dijo:&lt;br /&gt;-Y, la tuya, ¿quién la modeló para el amor?&lt;br /&gt;-¿La mía? Por las formas del mármol se conoce el escultor; no podéis conocer sino mi cuerpo; me siento orgullosa que me hayáis encontrado virgen; mi alma, mi pobre alma, esa no la ha visto sino aquel que la despertó de su sueño de arcilla y, que acaso no verá jamás...&lt;br /&gt;Hundida en la bruma débil, su cabeza perfumada, parecía soñar bajo el vapor cálido del lecho y la penumbra.&lt;br /&gt;En la calma oceánica de esa hospitalidad tan amable y discreta, ambos dejaban dilatar sus sueños por el jardín tentador de los recuerdos, viendo resucitar las horas anonadadas del amontonamiento fúnebre y clamoroso de las inexorables cosas del pasado. Una inagotable onda de pesar brotaba de sus corazones, que parecían tenderse con un largo estremecimiento portentoso hacia el pasado.&lt;br /&gt;Yúnier, inquieto y analista, interrumpió el silencio, y con la calma gris de un psicólogo profesional, interrogó a la joven, que parecía dormida en un dulce poniente de cosas profundas y calladas.&lt;br /&gt;-¿Qué edad tienes?&lt;br /&gt;Ella abrió los ojos, y en sus pupilas color café intenso, pareció brillar un horizonte de devastaciones.&lt;br /&gt;-Diecisiete- respondió débilmente- pero los años de mi corazón son infinitos.&lt;br /&gt;-¿Quién te enseñó a hablar así?&lt;br /&gt;-Aquel que me enseñó a pensar.&lt;br /&gt;-Y, ¿quién fue él?&lt;br /&gt;-El mismo que me enseño a amar.&lt;br /&gt;-Y, ¿dónde está?&lt;br /&gt;-Él, me enseñó también el abandono.&lt;br /&gt;-¿Su nombre?&lt;br /&gt;-¿El nombre suyo? Ahora, llama: dolor, ¿después? Llamará: olvido...&lt;br /&gt;-Ese no es un nombre.&lt;br /&gt;-El, encierra y devora todos los nombres. Y, como si hubiese tropezado con algo la desnudez de su herida, la joven clamó, más que dijo:&lt;br /&gt;¡No me interroguéis, no me interroguéis! ¿Qué os importa mi pasado? Menos aun si es doloroso y triste, mi cuerpo ha sido vuestro, ¿qué más queréis? ¡Haz lo que quieras con mi cuerpo pero no toquéis mi alma! y, como si temiese que por debilidad le arrancasen su corazón para mirarlo, la joven trató de incorporarse bruscamente del lecho, pero Yúnier la detuvo, diciéndole: perdóname vida mía, no lo volveré a hacer, y la cubrió con las ropas de la cama, en un gesto de verdadera y tierna delicadeza. Un gran sentimiento de piedad le vino al corazón, ante aquella mujer silenciosa, llena de poesía, tan misteriosa y tan inconsolablemente triste, y el poeta que dormía en él se despertó, y su musa abandonada vino a besarle en esa hora de felicidad sublime y, escribió en su diario prosas asonantadas, lapidarias y sonoras, como queriendo decir: Yo también sé el camino de la inspiración. Y, en esa prosa rítmica, esculpió y cantó el cuadro de su ventura:&lt;br /&gt;“Un silencio rumoroso, idólatra y religioso, un silencio de santuario, había en torno a ese sagrario, donde inerte y descuidada ¡Oh, mi diosa! ¡Oh, mi adorada!&lt;br /&gt;“Y, en la atmósfera vagaban, mil perfumes que embriagaban; y en los ruidos vagorosos, habían besos amorosos, que vibraban y cantaban en el rayo de la luz.&lt;br /&gt;“De rodillas ante el lecho, con las manos en el pecho, conteniendo los latidos de mi pobre corazón, yo en silencio te adoraba y en silencio recordaba, que esa noche ya pasada ¡Oh, mi negra desposada! Te dormiste entre mis brazos, y al reclamo de mis besos y al calor de mis abrazos, se abrió tu alma a mis caricias, de tu amor con las primicias, como al rayo del sol fulgido la rosa abre su botón.&lt;br /&gt;“Y, al mirarte así rendida, recordándote vencida, busqué un sitio y a tu lado, yo el león domesticado la cabeza recliné...&lt;br /&gt;“Y, pensando en el hastío y en el olvido hosco y sombrío, y pensando en que pudieras olvidarme o yo perderte, tuve miedo de la vida, sentí anhelos de la muerte, lloré mucho y en silencio, en silencio te imploré”.&lt;br /&gt; Después se acercó al lecho, y haciendo como había escrito, colocó su cabeza en la almohada y puso sus labios en los de la idolatrada. Sisnela, abrió los ojos, sus grandes ojos de zafiro, somnolientos, echó atrás su cabellera, río de espigas luminosas, puso los brazos en cruz, y se desperezó indolente con un gesto de ninfa acuática, mientras la luz jugueteaba en los bellos jazmines de su cutis, centellando en el polvo de oro de sus encantos desnudos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-2350804723131047268?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/2350804723131047268/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=2350804723131047268' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/2350804723131047268'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/2350804723131047268'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2008/02/prrafo-de-una-cartahttpwww.html' title=''/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-2365667120033996364</id><published>2008-01-20T17:36:00.001-08:00</published><updated>2008-01-20T17:36:55.564-08:00</updated><title type='text'>Sobre el amor...</title><content type='html'>Sobre el amor...&lt;br /&gt;Releyendo los artículos de Rudy Spillman y Florencia Moragas sobre el amor, he llegado a la conclusión que es el momento indicado para complementar dichos conceptos con algunas de las enseñanzas de mis autores preferidos que aparecen en mi novela Alma Mística: http://www.lulu.com/content/1431634&lt;br /&gt;En su artículo: Hablando de Amor... Florencia dice:&lt;br /&gt;“Sin lugar a dudas el amor es un sentimiento profundo y precioso si es sano, recíproco y comprometido. Pero por el contrario puede ser un calvario , una obsesión, una pesadilla”&lt;br /&gt;Mi maestro Vargas Vila dice:&lt;br /&gt;“Los labios que han besado de amor no vuelven nunca a la serenidad perdida. Las grandes almas tocadas por el cáncer del amor, se hacen débiles. &lt;br /&gt;“El amor rompe la vida y todos los amores no bastan para unirla luego, es el privilegio de esa pasión fatal. &lt;br /&gt;“El amor es como el cóndor, desgarra el nido que lo alberga, y aún cuando vuelve, deja las huellas de sus garras en el nido abandonado. &lt;br /&gt;“El amor es como el rayo, por donde pasa no deja sino ruina. &lt;br /&gt;“El amor es como el presentimiento, después de habernos hecho sufrir tanto, termina por engañarnos. &lt;br /&gt;“A la debilidad de amar sigue el tormento de sufrir; el dolor y el amor son gemelos, unidos andan como los monstruos del siam: no los separa ni la muerte.&lt;br /&gt; “El amor es la invasión del sueño en el teatro de la vida, el sueño de locura.&lt;br /&gt; “El matrimonio es el calvario de las almas, la crucifixión del ideal y la tumba del amor; es el lecho donde duermen las almas torturadas, es el poema de la tristeza y del hastío.&lt;br /&gt;“¡Oh, el desolado país del desencanto! &lt;br /&gt;“El cristo, si realmente existió, no fue sino un loco triste, cuyo gesto de pasividad melancólica no lo elevó nunca a la desesperada y atronadora actitud de la grandeza, ha tenido el don de haber sido adorado como un Dios, a falta de honor para haber sido admirado como un genio. Y este jefe de los misóginos, no dobló la cabeza a la coyuntura que impuso para tormento de los otros; no entró en la institución que estableció para congoja de los demás. Apuró todos los martirios, menos ése. Sus labios de apóstol no juraron el amor. Él consagró su vida sin hembra: la mujer es funesta al genio. Prefirió sufrir el beso traidor al beso enamorado.&lt;br /&gt;“El monte de los Olivos en que lloró el Redentor, es menos triste que el bosque de los mirtos en que agoniza el amor.&lt;br /&gt;“Misógino rebelde, llegó hasta perdonar a la mujer, pero no llegó a amarla nunca. Tenía por el sexo todo un desprecio orgulloso que se extendía a su madre misma: mujer ¿qué hay de común entre tú y yo?, le dijo un día.&lt;br /&gt;“Y, ese altivo despreciador de mujeres, se vengó de ella, dejándola condenada al matrimonio, esclavitud más cruel que la de un paria, servidumbre más vil que la de una i”. &lt;br /&gt;¿Qué de cierto tiene este pensamiento de mi maestro?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-2365667120033996364?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/2365667120033996364/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=2365667120033996364' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/2365667120033996364'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/2365667120033996364'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2008/01/sobre-el-amor.html' title='Sobre el amor...'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-7344436100425644725</id><published>2008-01-09T15:26:00.000-08:00</published><updated>2008-01-09T15:45:18.054-08:00</updated><title type='text'>Aclaración</title><content type='html'>En este blog he colocado parte de la novela Alma Mística; pero en el prólogo dije claramente que: " Esta obra la he confeccionado con un lenguaje sencillo, inspirado en los libros de mis maestros César E. Rivas Lara, Miguel A. Caicedo M., Miguel Ángel Asturias, Álvaro Salom Becerra, Fernando Soto Aparicio, Miguel de Unamuno, Guillermo Edmundo Chaves, José Joaquín Fernández de Lizardi, Gabriel García Márquez, Julio B. Sosa, el inolvidable José Mármol, Víctor Hugo el inmortal y el divino  Vargas Vila. Y, como esos discípulos que sufren el deslumbramiento de la admiración, voy tras ellos, recogiendo las rosas de sus estilos, para modelar sobre ellas mis creaciones".&lt;br /&gt;Cada vez que tomo un libro lo hago con el propósito de aprender algo de él. Hay autores que motivan su historia pero no estimulan para uno leer dos veces el mismo libro. Un caso patético es nuestro premio nobel de literatura, Gabriel García Márquez. Sin embargo, cuando leo algunos libros de Vargas Vila,como Ibis, Flor de Fango, La Simiente, La Muerte del Cóndor, Los Césares de la Decadencia, Pretéritas,... quedo tan impresionado que trato de releerlos dos y tres veces; y así de muchos escritores que he mencionado en el prólogo.&lt;br /&gt;Soy docente y me sentiría homenajeado si alguno de mis discípulo me imitara, y por eso tengo el convencimiento que un verdadero intelectual se sentirá orgulloso que sus discípulo lo imiten. En otras palabras: Me gustaría imitar a mi maestro Vargas Vila,  o al menos, hacerle un pequeño homenaje, porque sé que si él estuviera vivo se sentiría dichoso. Además,deseo contribuir a que lean más sus libros. Yo me considero ser un verdadero discípulo de Vargas Vila y nadie me puede quitar esa grandeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;César Rodríguez Valencia&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-7344436100425644725?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/7344436100425644725/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=7344436100425644725' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/7344436100425644725'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/7344436100425644725'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2008/01/aclaracin.html' title='Aclaración'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-6727162577477167214</id><published>2008-01-08T05:22:00.000-08:00</published><updated>2008-01-10T03:28:29.361-08:00</updated><title type='text'>Alma Mística (última entrega)</title><content type='html'>Nota:&lt;br /&gt;Esta última entrega de mi novela Alma Mística, que es como una especie de reconocimiento a la belleza de la mujer colombina y a la nobleza de sentimiento de los jóvenes campesinos del Darién y del Chocó, corresponde la tercera parte de la obra. &lt;br /&gt;Si algún lector se interesa en ella, puede adquirirla en: http://www.lulu.com/content/1431634.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras Lides María pasaba distraída por el parque del Colegio, miradas extrañas la espiaban, un corazón amante suspiraba cerca de ella.&lt;br /&gt;"Hay almas que se duermen en el ensueño, como en la nube el águila, mueren en pleno éxtasis. Se hunden en la bruma después de haber vivido en las nubes; no sienten la aproximación de la penumbra, entran en ella por la puerta del silencio, en la barca de los sueños luminosos. ¡Almas fuertes y bellas!&lt;br /&gt;Abrazadas a una pasión única, viven de ella, se absorben en su culto, y se postran  para idolatrar a un ídolo. Viven en el fuego; su pasión las ilumina, no las quema". A un alma así deslumbró Lides María con el esplendor de su belleza, inspirando una pasión semejante en Yúnier.&lt;br /&gt;Su hermosura celestial hizo estrago en aquel corazón sensible; la que entonces, fascinada por su ingenuo proceder, volateó en torno suyo. Su culto silencioso fue como el de Vespertino por la Lámpara Sagrada: siempre girando en torno a ella y siempre lejos…&lt;br /&gt;La impresión que le produjo Lides María, fue la de un deslumbramiento, la belleza incomparable de ésta, la elegancia en el vestir, su manera de andar, todo era nuevo para aquel joven, nunca había visto algo semejante. Y cuando Lides María transitó cerca de él, le provocó casi postrarse, como si hubiera pasado en sus andas doradas la Virgen del Carmen que era la patrona de aquel pueblo. Vinieron desde entonces para él, las noches de insomnios, las nostalgias asfixiantes, las ilusiones y anhelos de esa fiebre encantadora que se llama amor. Amor de veinte años, fresco y puro como una mañana primaveral, amplio y despejado como un horizonte, casto y primitivo que se desbordó en él. No era ese amor superficial de los jóvenes de la ciudad, mancillados con besos de meretrices y abrazos de sirvientas: amor de deseos torpes; amor marchito, nacido en corazones gastados y sin fuerzas, para esas grandes pasiones que llenan, embellecen y acaban con la vida. Así no era su amor... &lt;br /&gt;Culto no confesado, crecía en el silencio de su corazón y se alimentaba en el aislamiento de su alma.&lt;br /&gt;¿Cómo atreverse a confesarle ese martirio? De pensarlo no más se estremecía.&lt;br /&gt;¿Cómo arrancar entonces ese amor? ¡Oh, no lo quería tampoco! Consumirse en llamas era su ideal.&lt;br /&gt;En una de esas tantas noches de desvelo, que no pudo conciliar el sueño, Yúnier, invitó a unos amigos, y bajo la ventana por donde dormía Lides María, entonaron una de esas serenatas apasionadas y melancólicas, producto de corazones enamorados. Cantaron con el alma esos paseos y vallenatos hechos para hacer soñar y hacer sufrir a las almas sensibles. Y cuando callaban, el eco de sus voces varoniles, esparcidas en cadencia, iba a perderse en el aire calmado, bajo el cielo brumoso, en aquellas inmensidades vagas del mar. Allí los sorprendió el crepúsculo; momento en que, como una diosa que abandona con la primera luz del alba el lecho tibio de plumas y musgos en que dormía, Lides María arrojó a sus pies la manta y ligera saltó del lecho suyo. En pie sobre la alfombra dejó caer la túnica importuna, que rodó a sus plantas cubriéndolas por completo. Y así, parecía como emergiendo de las espumas inmaculadas del mar, cual si apoyase sus pies en una ostra nacarada en perlas y corales. Y quedó allí, desnuda, casta, impotente. La estancia toda parecía iluminada al resplandor radiante de su cuerpo.&lt;br /&gt;“¡Deidad terrible la mujer desnuda. Terrible porque así es omnipotente!”&lt;br /&gt;Lides María en su desnudez de diosa, sola en ese templo sin creyentes, sobre la piedra consagrada del altar, se entregó a la inocente contemplación de su belleza inigualable. Y, en la atmósfera calmada, tibia con los perfumes de su cuerpo, se sentía en el aire algo así como las vibraciones del himno triunfal de su hermosura.&lt;br /&gt;Venus saliendo de las espumas inmaculadas del mar, no fue más bella que aquella virgen, surgiendo así de su lecho, blanco como la nieve, donde quedaban intactas, tibias todavía, las huellas de su cuerpo perfumado.&lt;br /&gt;   Arrojando a un lado y a otro la mirada ingenua de sus ojos, aun somnolientos, avanzó unos pasos y se halló frente al espejo, que parecía temblar ante el encanto y el huracán de esa belleza desnuda. Sus pechos pequeños, erectos, duros, con delicadas venas azules que terminaban en un botón vivo, color de sangre joven; por su perfección, podrían como los de Elena, haber servido de modelo para las copas del altar. Su cuello largo y redondo como la columna de un sagrario. Sus piernas duras y torneadas remataban en pie diminuto, de talones rojos como claveles de valle, y dedos que semejaban botones de rosas aun sin abrir en el crepúsculo.&lt;br /&gt;Frente al espejo se contemplaba serena, aquella contemplación era inocente, se veía y se admiraba, tenía el casto impudor de la infancia, era descuidada porque así era pura, y sin embargo, en aquella hermosa esmeralda humana se ocultaba el fantasma del dolor.&lt;br /&gt;César Rodríguez Valencia&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-6727162577477167214?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/6727162577477167214/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=6727162577477167214' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/6727162577477167214'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/6727162577477167214'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2008/01/alma-mstica-ltima-entrega.html' title='Alma Mística (última entrega)'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-7525072820134418669</id><published>2008-01-04T12:09:00.000-08:00</published><updated>2008-01-04T12:10:21.851-08:00</updated><title type='text'>Alma Mística (quinta entrega)</title><content type='html'>En el claro azuloso de esa noche, embalsamada por el cáliz desmesurado de una gran flor del firmamento, la majestad espectral de los árboles se dibujaba en el horizonte, en cuyo fondo, de una palidez metálica, las nubes multiformes semejaban una bandada de aves en derrota.&lt;br /&gt;Envuelto en una capa y reclinado en la popa de la nave, Céar tenía los ojos fijos en la bóveda azul del firmamento, sin ver, sin embargo, los vívidos diamantes que la tachonaban, abstraído su espíritu en las recordaciones de su infortunada suerte en el pueblo de donde acababan de zarpar.&lt;br /&gt;¡Qué de malas mía!- se decía. ¿Por qué seré yo tan infortunado? Dios nos proteja, dijo después de algunos minutos de silencio y meditación en que sus ojos habían estado extasiados en el firmamento bordeado con su luna y sus estrellas, y en que parecía que sus ideas habían tomado rumbos diferentes en aquella alma espontánea, impetuosa y al mismo tiempo tierna y sensible, y después de esa exclamación continuó en el silencio de su pensamiento.&lt;br /&gt;“Dios, que es la sabiduría y la unidad del universo. Dios, que sostiene pendiente de la hebra impalpable de su voluntad soberana esos mundos espléndidos que giran en esa bóveda infinita y diáfana que parece formada con el aliento de los ángeles.&lt;br /&gt;“Esos astros, eternos como la mirada que los ilumina, verán alguna vez sobre estas olas la realización de los bellos sueños de mi mente. Sí. El porvenir de mi tierra está escrito en la obra de Dios mismo: es una magnífica y espléndida alegoría en la que ha revelado los destinos del nuevo mundo el gran poeta de la creación universal.&lt;br /&gt;“Esas inmensas praderas donde brota una flor de cada gota de rocío que cae en ellas.&lt;br /&gt;“Esos ríos, inmensos y cristalinos como el mar, que se cruzan como arterias del cuerpo gigantesco de la América, refrescan por todas partes sus entrañas, abrazadas con el fuego de sus metales.&lt;br /&gt;“Esos espesos bosques, donde la salvaje orquesta de la naturaleza está convidando a la armonía del arte y de la voz humana.&lt;br /&gt;“Esta brisa, suave y perfumada, que pasa por la frente de aquellas regiones como el suspiro enamorado del genio protector que las vigila.&lt;br /&gt;“Esas nubes, matizadas siempre con los colores más risueños y suaves de la naturaleza.&lt;br /&gt;“Sí, todo esos magníficos espectáculos son palabra elocuente del lenguaje figurado de Dios, con que revela el porvenir de estas regiones.&lt;br /&gt;“Las generaciones se suceden en la humanidad como las olas en este inmenso mar.&lt;br /&gt;“Cada siglo cae sobre la frente de la humanidad como un torrente aniquilador que se desprende de las manos del tiempo, sentado entre los límites del principio y del fin de la eternidad: se desprende, arrasa, arrebata en su cauce las generaciones, las ideas, los vicios, la grandeza y las virtudes de los hombres, y desciende con ellos al caos eterno de la nada. Pero la creación, esa otra potencia que vive y lucha con el tiempo, va esparciendo la vida donde el tiempo acaba de sembrar la muerte. Ese torrente indestructible arrebatará de las riberas del mar esta generación amasada con el polvo, la sangre y las lágrimas de ella misma. Vendrán otras y otras, como las olas que se van sucediendo y desapareciendo ante mis pesados ojos.&lt;br /&gt;“¡Vendrán…!&lt;br /&gt;“Cada pueblo tiene su siglo, su destino y su imperio sobre la tierra, y los pueblos del Chocó tendrán al fin su siglo, su destino y su imperio, cuando las promesas de Dios, fijas y escritas en la naturaleza que nos rodea, brillen sobre la frente de esas generaciones futuras, que verterán una lágrima de compasión por los errores y por las desgracias de nosotros. Sí, tengo fe, pero fe en tiempos muy lejos de los nuestros. ¡Patria, patria! ¡La generación presente no tiene sino el nombre de tus padres!... Y, tú esposa mía, ángel conciliador de mi alma con la vida, de mi corazón con los hombres, de mi destino con mi patria; tú, hebra de luz que me pone en relación con Dios, extendida desde el cielo hasta el sitio terrenal en que me ahogo; tú, eres el único ser de todos los que he visto sobre la tierra, a quien quisiera volver a hallar en el cielo, para que nuestras almas volviesen, de cuando en cuando, entre los pálidos rayos de la luna, a contemplar la tierra, que fue testigo de nuestro amor, como es testigo de tantos desengaños, de tanta virtud mentida, de tanto crimen y de tantas miserias reales”.     &lt;br /&gt;La luna escondió en ese momento su faz de nácar entre los velos de una parda nube, mientras Céar reclinaba la cabeza  sobre el pecho de su amada esposa, embriagado en el éxtasis de su espíritu; y cerró los ojos arrullado por las olas del poderoso mar Pacífico, somnolientas y perezosas bajo el tranquilo e iluminado pabellón del cielo.&lt;br /&gt;Céar y su esposa, como sugestionados por la calma letárgica del mar, y por la intraducible voz del infortunio, se desesperaron por la inmensa aventura de estar juntos en un bote de vela y remo con rumbo desconocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al tercer día de navegación, los vientos leves se habían hinchado repentinamente, impulsando olas cada vez más alzadas y densas. El mar verde claro se había transformado en un mar verde de hierba, opaco, cada vez más levantisco, que de verde tinta, pasaba a verde humo. Los marineros husmeaban las ráfagas, sabiendo que olían distinto, con ese negror de sombra que se les atropellaba por encima, y esos bruscos aquietamientos, cortados por fuertes lluvias, de gotas tan pesadas que parecían de Mercurio. &lt;br /&gt;En las cercanías del crepúsculo, pintóse la andante columna de una tromba, y la nave como llevada en palma, pasaba de cresta en cresta, tambaleándose en la noche con los fanales extraviados. Se corría ahora sobre el descompasado hervor de una agua levantada por sus propias voliciones, que pegaba de frente, de costado, largando embates de fondo a las quillas, sin que los rápidos enderezos logrados a timón pudieran evitar las arremetidas que barrían la cubierta de borda a borda, cuando no hallaban al bote de popa al empellón. ¡Hemos sido agarrado de lleno!-Dijo el capitán, ante la ascensión de la clásica tormenta.&lt;br /&gt;La noche brillaba en instantes fugaces por los relámpagos, el horizonte rugía por la tormenta, y la nave que había penetrado en un vasto bramido, se quejaba por el efecto del viento huracanado.&lt;br /&gt;A las seis horas de fatiga, se levantó un sudeste furioso; los mares crecían por momentos, y hacían unas olas tan grandes que parecía que cada una de ellas iba a sepultar el navío. Con los fuertes huracanes y repetidos balances, no quedó un farol encendido; a tientas procuraban maniobrar los marineros. La terrible luz de los relámpagos servía para atemorizarlos más, pues, unos a otros, veían en sus pálidos semblantes pintada la imagen de la muerte, que por momentos esperaban.       &lt;br /&gt;En este estado, el golpe del mar rompió el timón, y una furiosa sacudida del viento quebró el mastelero del trinquete. Crujía la madera y, las jarcias sin poder recoger los trapos, que ya estaban hechos pedazos, porque no podía la gente detenerse en las vergas. Como los vientos variaban y carecían de timón, bogaba el bote sobre las olas por donde aquellas lo llevaban.&lt;br /&gt;En tan deplorable situación ya se deja entender cuál sería vuestra consternación, cuáles vuestros sustos y cuán repetidos vuestros votos y promesas.&lt;br /&gt;La mujer en las luchas con las asechanzas del destino, sólo tiene la fuerza de su propia debilidad, pero en la lucha con el dolor, tiene ocultos tesoros de fortalezas misteriosas. El hombre es superior ante los peligros materiales y las luchas físicas, pero la mujer es siempre más valerosa, más fuerte, en las luchas supremas con el infortunio.&lt;br /&gt;En esos instantes de la vida, en que parece condensarse todas las nubes del dolor sobre la frente y la ola salobre de la muerte nos golpea el labio y amenaza sumergirnos; cuando el hombre rendido dobla la cabeza, deja caer los brazos, y como un náufrago se deja llevar por la corriente, la mujer se llena de coraje, lucha con brío, flota sobre la mar embravecida y gana el puerto, y si el amor la inspira se agiganta. Una madre que lucha por su hijo, una esposa que combate por su esposo, una hermana por su hermano, una hija por su padre, una amante por su amante, son sublimes y poderosas con su amor: el sufrimiento las magnifica y el amor las diviniza. He aquí porque Editza había resistido sin desfallecer aquella lluvia de dolores y desgracias; y en el momento agónico en que una ola gigante destrozó la nave, amparó a su esposo como cuando una madre pone el pecho para detener la bala homicida dirigida a su hijo. Ella con su esposo moribundo, agarrándolo de la cintura, cayó al inmenso mar enfurecido; y en un instante supremo de desesperación logró sujetarse a los restos de la nave que tomó el rumbo que el viento quiso.&lt;br /&gt;Vagaron a la deriva durante días y noches; y cuando ya creían que morían en el mar, pudieron ver desde lo alto de una ola una costa cercana, cuya vista les imprimió deseos de vivir; nadaron hasta la ribera; pronto, sin embargo, advirtieron que no había allí playa alguna a que arribar, sino acantilados, arrecifes y remolinos, y ese espectáculo los sumió en una triste divagación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuará...&lt;br /&gt;Viene lo mejor&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-7525072820134418669?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/7525072820134418669/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=7525072820134418669' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/7525072820134418669'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/7525072820134418669'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2008/01/alma-mstica-quinta-entrega.html' title='Alma Mística (quinta entrega)'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-5915363307212062150</id><published>2007-12-31T13:37:00.000-08:00</published><updated>2007-12-31T13:38:10.699-08:00</updated><title type='text'>Alma Mística (cuarta entrega)</title><content type='html'>Eran las tres de la mañana, y la luna llena y pálida se levantaba de allá del fondo de las aguas.&lt;br /&gt; Una franja de luz, desde el pie de la eterna viajera de la noche atravesaba el río, y parecía sobre su superficie movediza una inmensa serpiente con escamas de nácares y de plata.&lt;br /&gt; La noche era apacible. Las estrellas poblaban el azul del firmamento, y una brisa sutil y perfumada en los jardines de nuestras costas pasaba por la atmósfera, como el suspiro enamorado de las sílfides que vagaban en aquel momento entre los tiernos rayos de la luna, jugando con la luz diamantina pero tenue de nuestros astros meridionales. ¡Todo era soledad, tristeza y poesía! ¡Todo diafanidad y calma en la naturaleza! Allí, a orillas de ese río, testigo tantas veces y en ese instante de la tormenta desencadenada contra las costumbres de un humillado pueblo.&lt;br /&gt; Las olas se escurrían lentamente sobre un blando y arenoso lecho y, por un momento parecía que el invierno había plegado sus nevosas y agotadoras alas, porque en la brisa marina se respiraba un aliento primaveral.&lt;br /&gt; Al pie de la barranca, que declinaba suavemente hasta la orilla del río, erguida sobre un pequeño médano, a pocos pasos del límite de las olas, una mujer contemplaba estática la aparición de la redonda luna, saliendo muellemente de las ondas. La serpiente de luz venía a  quebrar sus últimos anillos junto a aquella misteriosa criatura, y las aguas llegaban con respeto a derramar su blanca espuma en la arena en que se acolchonaba su delicado pie, con ese murmullo del mar tranquilo que parece el canto misterioso con que se arrulla al genio del espacio cuando duerme quieto sobre su lecho de olas.&lt;br /&gt; Los ojos de esa mujer tenían un brillo astral y su mirada era lánguida y amorosísima como el rayo de la cándida frente de la luna. Sus rizos, agitados suavemente por el pasajero soplo de la brisa acariciaban sus mejillas, pálidas como la flor del aire cuando el sol la toca, y los encajes de su cuello, descubriéndolos furtivamente, dejaban ver el alabastro de su garganta que, lejos de estas horas de la noche, habría parecido una de esas columnas del crepúsculo matutino que se levantan, blancas y transparentes como el mármol de carrara, entre los estambres dorados del oriente.&lt;br /&gt; Su talle, ceñido por un jubón de terciopelo negro, parecía sufrir con la resistencia a las ligeras corrientes de la brisa y no doblarse como el delicado mimbre de una rosa, y los pliegues de su vestido oscuro, englobándose y desmayándose de repente, parecían querer levantar en su nube aquella diosa solitaria de aquel desierto y amoroso río.&lt;br /&gt; Esa mujer era Editza, en quien su organización impresionable y su imaginación poética estaban subyugadas por el atrayente imperio de la naturaleza, en ese momento y bajo esa perspectiva de amor, de dolor, de melancolía y dulcedumbre, salpicado el cielo por un millar de estrellas que, como un arco de diamantes, parecían sostener engarzada la transparente perla de la luna cuando todos los síntomas invernales habían huido bajo la brisa del trópico. Y, el alma sensible y delicada de la joven, sufriendo uno de esos delirios deleitables, que oía y veía con su espíritu, lejos del mundo material de la vida, sumergida en ese otro sin forma ni colores, donde campean los espíritus poetizados en los vuelos de su enajenación celeste.&lt;br /&gt; Ella no veía ni oía con los sentidos, y el leve rumor que de repente hicieron las pisadas de un hombre cerca de ella, no le hicieron volver su bellísima cabeza del globo argentado que contemplaba en éxtasis.&lt;br /&gt; Un hombre había descendido de la barranca. Sus pasos, precipitados al principio, se moderaron luego, a medida que fue aproximándose a la solitaria contempladora de aquel poético lugar.&lt;br /&gt; Una especie de contemplación religiosa pareció embargar el ánimo de ese hombre, cuando a dos pasos de ella, cruzó sus brazos sobre el pecho y se puso a admirarla en silencio. Pero un suspiro hizo traición de repente a su secreto y, volviendo súbitamente la cabeza, la joven dejó escapar una exclamación, a tiempo que su cintura quedó presa entre las manos de aquel hombre, arrodillado ante ella: ese hombre era su esposo.&lt;br /&gt; -¡Editza de mi vida!&lt;br /&gt; -¡Céar mío!&lt;br /&gt; Fueron las primeras palabras que pronunciaron.&lt;br /&gt; -¡Ángel de mi vida, cuán bella estás así!-dijo el joven continuando de rodilla al pie de su amada, mientras sus manos oprimían su cintura y sus ojos se extasiaban en la contemplación de su belleza.&lt;br /&gt; -Pensaba en ti-dijo ella, poniendo la mano sobre la cabeza de su esposo.&lt;br /&gt; -¿Cierto?&lt;br /&gt; -Sí, pensaba en ti; te veía pero no aquí, no en la Tierra; te veía a mi lado en un espacio diáfano, azulado bañado suavemente por una luz de rosa, respirando un ambiente perfumado, embriagado de una armonía celeste que vibraba en el aire; te veía en uno de esos instantes de éxtasis en que una fuerza sobrenatural parece desprenderse de la tierra.&lt;br /&gt; -¡Cuán bella estás esposa mía! Y, Céar echaba a la espalda los rizos de su amada, para que todo su rostro fuese bañado por los rayos plateados de la luna.&lt;br /&gt; -Eres feliz, esposo mío- ¿no es cierto?&lt;br /&gt; -Luz de mi vida, yo no envidio a tu lado la existencia inefable de los ángeles… mira ¿Ves aquel astro, el más brillante que tiene el firmamento? ¿Lo ves? Ése es el nuestro, Editza; ésa es la estrella de nuestra felicidad; ella irradia, brilla y resplandece como nuestro amor en nuestras almas, como nuestra felicidad a nuestros propios ojos, como tu belleza irradia, brilla y resplandece en mi agotado espíritu.&lt;br /&gt; -¡No, no!... &lt;br /&gt; -¡Editza!&lt;br /&gt; -¡No, es aquélla!, dijo la joven, extendiendo su mano y señalando una pequeña y pálida estrella que parecía pronta a sumergirse en el confín del río. Después, su espléndida cabeza se reclinó en el hombro de su esposo y sus ojos se clavaron sobre el cenit azul del firmamento.&lt;br /&gt; -¡Céar, Céar mío!-exclamó la joven con sus ojos fijos en las estrellas.&lt;br /&gt; -Vivo para ti-esposa mía. Respirar siempre, siempre, un perfume de felicidad como éste que nos embriaga. Beber tu risa ¡Oh, soy feliz, muy feliz! Oír siempre de tus labios una palabra de cariño, Editza; la esplendidez del día, la melancólica hermosura de la luna, el universo entero desaparece a mis ojos cuando tu imagen me preocupa; y como tu imagen está fija y gravada sobre mi alma, sólo tú existís para mi corazón… Tú me amas, ¿no es verdad? ¿Tú aceptas en el mundo mi destino no es verdad?&lt;br /&gt; -Sí.&lt;br /&gt; -¿Cualquiera que sea?&lt;br /&gt; -Sí, sí, cualquiera que sea. Y si el destino adverso que te persigue te condujera a la muerte, el golpe que contase tu vida haría volar mi espíritu en tu busca…&lt;br /&gt; Céar estrechó contra su corazón a aquella ideal criatura; y en ese instante, cuando ella acababa su última palabra inspirada por el rapto de entusiasmo en que se hallaba, un trueno lejano, prolongado y ronco, vibró en el espacio como el eco de un cañonazo en un país montañoso.&lt;br /&gt;La superstición es la compañera inseparable de los espíritus poéticos. Y, aquellos jóvenes, embriagados de felicidad y malos presentimientos, se asieron de las manos, y miráronse por algunos segundos con una expresión indefinible. Editza, al fin bajo la cabeza, como abrumada por alguna idea profética y terrible.&lt;br /&gt;-¿Por qué me separas tus ojos luz de mi alma?-preguntó Céar, después de un momento de silencio.&lt;br /&gt;-¡Oh, no!... yo te miro… yo te miro en todas partes, Céar mío-respondiole la joven, mirándolo con una sonrisa encantadora y dulce.&lt;br /&gt;-Pero tú has cambiado, vida mía.&lt;br /&gt;-¿Yo?&lt;br /&gt;-Sí, tú.&lt;br /&gt;-Te engañas, Céar mío, yo no cambio jamás.&lt;br /&gt;-Esta vez sí… hace un momento que irradiabas de felicidad y de amor…y, ahora…&lt;br /&gt;-¿Y, ahora?&lt;br /&gt;-El brillo de esa felicidad se ha nublado.&lt;br /&gt;-Es porque la felicidad es un cristal que se empaña de repente con nuestro propio aliento.&lt;br /&gt;-¿Desconfías acaso de nuestra suerte?&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;-¿Por qué? Esposa mía, ¿por qué?&lt;br /&gt;-No sé… pero… quizás, este viaje que vamos a realizar.&lt;br /&gt;-¿Tienes algún mal presentimiento?&lt;br /&gt;-Aquí, aquí hay una voz que me dice, que me habla no sé qué, pero que yo interpreto tristemente-dijo Editza, poniéndose la mano derecha sobre su corazón.&lt;br /&gt;-¡Supersticiosa!-dijo Céar, tomando aquella mano que había estado sobre el corazón de su amada y llenándola de besos. Y, una nueva y dulce sonrisa pasó otra vez jugando por la preciosa boca de la beldad chocoana, descubriendo sus bellos y blancos dientes. Enseguida levantóse y dijo a su esposo: Vamos, se nos hace tarde y debemos ya embarcarnos.&lt;br /&gt;La mano del joven rodeó la cintura de la bien amada de su alma, mientras el brazo de ésta reposaba sobre su hombro, y asidos de ese modo los esposos llegaron a la nave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuará...&lt;br /&gt;Viene lo mejor&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-5915363307212062150?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/5915363307212062150/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=5915363307212062150' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/5915363307212062150'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/5915363307212062150'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2007/12/alma-mstica-cuarta-entrega.html' title='Alma Mística (cuarta entrega)'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-5848229186649273088</id><published>2007-12-28T06:27:00.000-08:00</published><updated>2007-12-28T06:28:06.853-08:00</updated><title type='text'>Alma Mística (tercera entrega)</title><content type='html'>El alba del diez de Abril había despedido al fin aquella triste noche, testigo de la ejecución de un crimen horrible y de la combinación de otros mayores. &lt;br /&gt; La blanca luz de esa beldad pudorosa de los cielos que asoma tierna y sonrosada en ellos para anunciar la venida del poderoso rey de la naturaleza, no podía secar, con el ternísimo rayo que emanaba de sus ojos, la sangre de inocentes que manchaba la orilla esmaltada de ese océano, de cuyas olas se levantaba, cubierta con su velo de rosas su bellísima frente de jazmines, pero argentaba con él las palmeras de esa aldea a quien los poetas románticos hubieran podido llamar la emperatriz del mar pacífico.&lt;br /&gt; Dormida sobre su inmensa playa, Virudó, la ciudad de propensiones nostálgica por naturaleza, parecía que quisiese resistir las horas del movimiento y la vigilia que le anunciaba el día y conservar su noche y su molicie por largo tiempo todavía. En sus calles arenosas, se escondía aún, bajo las dispersas casas, algunas de esas medias tintas del claroscuro de los crepúsculos, que ponen en vacilación los ojos y en un cierto no sé qué de disgusto al espíritu.&lt;br /&gt; Una de esas brisas del mar, siempre tan frescas y puras, en las zonas meridionales de la América, purificaba la ciudad de los vapores húmedos y espesos de la noche, que el sol no había logrado levantar del lodo de las calles; y aquella brisa, embalsamada con las violetas y los jacintos que alfombraban en esa estación las arenosas praderas, derramaba sobre aquel pueblo un ambiente perfumado y sutil que se respiraba con delicia.&lt;br /&gt; ¡Todo era preocupación y misterio!&lt;br /&gt; Al oriente sobre el tranquilo horizonte del pequeño río, el manto celestino de los cielos se tachonaba de nácares, a medida que la aurora se remontaba sobre su carro de ópalo y las últimas sombras de la noche amontonaban en el occidente los postrimeros restos de su deshecho imperio.&lt;br /&gt; ¡Oh! ¿Por qué ese velo lúgubre y misterioso de las tinieblas no se sostenía suspendido del cielo en la atmósfera de esa ciudad, de donde, al parecer, la mirada de Dios se había apartado?&lt;br /&gt; Si la maldición terrible había descendido sobre su cabeza en el rayo tremendo del enojo de la divinidad ¿Por qué, entonces, la Tierra no rodaba para ella sin sol y sin estrellas, para que la tortura y el crimen no profanasen esa luz de Abril?... Pero la naturaleza parecía hacer alarde de su poder, rebelde a las insinuaciones humanas, cuanto más la humanidad busca en ella alguna afinidad con sus desgracias.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Editza, sentada en un taburete, su rostro más preocupado y triste que de costumbre, fijaba sus ojos en la claridad melancólica de la luna. A su izquierda está su esposo, pálido como una estatua, con el cabello renegrido y rizado que cae sobre sus sienes descarnadas y redondas, con que la naturaleza descubre la finura de espíritu de aquel joven, como en su ancha frente la fuerza de su inteligencia.&lt;br /&gt; -Y, ¿Qué piensas esposa mía?- preguntó Céar con una voz amorosa y débil, después de unos momentos de silencio que parecieron siglos.&lt;br /&gt; -Bastante preocupada por la desgracia que ha empezado a reinar en este hogar-dijo Editza, levantando la cabeza y fijando sus ojos tristes en los de su esposo.&lt;br /&gt; -Mi amor-dijo Céar, tomando nuevamente la palabra, soy yo el causante de este infortunio y no quiero comprometer tu suerte; es decir, quisiera abandonar la casa pero solo, porque es a mí al único a quien persiguen.&lt;br /&gt; -Creo que usted me conoce muy bien, y sabe que por amor he cumplido para con usted una obligación sagrada que el corazón me impone y con la cual mi carácter se armoniza sin esfuerzo. Busca emigrar solo dejándome a merced de los asesinos, ni pensarlo. Y ¿qué habría de noble y grande en el alma de una mujer sino arrostrarse también algún peligro por la salvación del hombre que ha amado toda su vida?&lt;br /&gt; -¡Editza!-exclamó Céar-, tomando entusiasmado una de las manos de la joven.&lt;br /&gt; -¿Cree usted Céar mío, que bajo el cielo que nos cubre no hay también mujeres que identifiquen su vida y su destino con la vida y el destino de los hombres? Y si es menester huir de la patria, yo lo acompañaré a usted en el destierro; si peligra en ella, yo interpondré mi pecho entre el suyo y el puñal de los asesinos y, si es necesario, subir injustamente al cadalso por la libertad de la patria que lo vio nacer, yo lo acompañaré también.&lt;br /&gt; Y, Céar, pálido y sollozando, trémulo de amor y de entusiasmo, llevó a sus labios la preciosa mano de aquella mujer en cuyo corazón había depositado toda su felicidad.&lt;br /&gt; Las manos de los esposos no se separaron, pero el silencio, ese elocuente emisario del amor, al que se debe tanto en cierto momento, vino a hacer que el corazón saborease en secreto las últimas palabras de los labios.&lt;br /&gt; -¡Perdón mi amor!-dijo él, sacudiendo su cabeza y despejando las sienes de los cabellos que la cubrían. Perdón, he sido un insensato, pero, no, yo tengo orgullo de mi amor, y lo declararía a la faz del mundo: amo y no espero, he aquí mi defensa, si la he ofendido a usted. Dulces, húmedos, aterciopelados, los ojos de Editza, bañaron con un torrente de luz los ojos ambiciosos de su esposo. Esa mirada lo dijo todo.&lt;br /&gt; -¡Gracias esposa mía!-exclamó el joven, arrodillándose delante de la diosa de su paraíso.&lt;br /&gt; Editza puso la mano sobre el hombro de su amado, sus ojos estaban desmayados de amor. Sus labios rojos como el carmín, dejaron escurrir una fugitiva sonrisa. Y tranquila, sin volver los ojos de la contemplación estática en que estaba, su brazo derecho extendióse y el índice de su mano señaló el reloj de péndulo que se encontraba en la pared.&lt;br /&gt; Céar volvió la mirada al punto señalado y,…&lt;br /&gt; -¡Ah! Exclamó, ya es hora de partir y afrontar el futuro incierto que nos espera. Y, ellos no pudiendo soportar más un presentimiento de desventura y una tristeza profunda que los invadía, decidieron abandonar el humilde hogar, angustiados, sombríos, ante la inexorabilidad de aquel destino.&lt;br /&gt; La luna brillaba reluciente en las alturas, las nubes, como cisnes eucarísticos, con sus alas abiertas la seguían en su ascensión, con actitud estática como esos serafines que sostienen la hostia santa en los viejos monasterios. &lt;br /&gt; Fue en esa madrugada, bajo la transparencia casta de ese cielo poblado de visiones luminosas, que Céar y su esposa, por caminos diferentes, abandonaron el hogar, con la ciencia fatal del miedo y la desesperación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Continuará...&lt;br /&gt;Viene lo mejor&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-5848229186649273088?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/5848229186649273088/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=5848229186649273088' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/5848229186649273088'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/5848229186649273088'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2007/12/alma-mstica-tercera-entrega.html' title='Alma Mística (tercera entrega)'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-1029407041577300538</id><published>2007-12-27T19:13:00.001-08:00</published><updated>2007-12-27T19:14:02.372-08:00</updated><title type='text'>Alma Mística (segunda entrega)</title><content type='html'>Haciendo uso del instinto de conservación, el joven atravesó la sierra, se extravió en los pantanos desmesurados, remontó ríos torrentosos, y estuvo a punto de perecer bajo el azote de las fieras, la desesperación y la fiebre antes de conseguir la ruta de enlace a las cabeceras del río Pavasa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Virudó, que era, entonces, una aldea de unas cincuenta casas, de palmas, cantoneras y cañabravas, construidas a orillas del Mar Pacífico, de aguas diáfanas, saladas y azulosas, que se precipitaban por un estero pantanoso, rodeado de manglares y palmeras, asomó por fin; pero las aguas se le juntaron al ver en un claroscuro, asesinos regocijados haciendo alarde de su grandeza monstruosa, que compartían y destruían, violaban y ultrajaban, a diestro y siniestro mujeres indefensas.&lt;br /&gt; Editza, oculta en la choza de su madre, que se había recostado a la espera desesperada del amanecer, con los nervios en tensión, estrujándose pierna contra pierna, magullábase los brazos en posturas incómodas; espolvoreaba brasas por los poros; enterraba y desenterraba la cabeza en la almohada sin poder cerrar los ojos.&lt;br /&gt; Al toquido de Céar, saltó de la cama a la puerta, sofocada, con el resuello grueso como cepillo de lavar caballos.&lt;br /&gt; -¿Quién es?&lt;br /&gt; -¡Yo, Céar, abrí!&lt;br /&gt; Ella, al verlo convertido en un andrajo, pálido, demacrado y lleno de sangre, corrió desesperadamente y lo abrazó; lo miraba, lo acariciaba, lloraba y lo besaba, pero sin decir palabra alguna: sentía un nudo en la garganta y los ojos encharcados por el llanto.&lt;br /&gt; Después de pasada la emoción, Céar la separó con delicadeza y se dirigió a donde Octavila, su suegra; les narró el doloroso acontecimiento y les hizo saber del peligro que las asechaba.&lt;br /&gt; -Usted es el único indicado para cuidar de mi hija-dijo la suegra, haga lo que mejor estime conveniente, pero ¡sálvela!&lt;br /&gt; -No nos queda de otra –dijo Céar, sino irnos inmediatamente para cualquier parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El comandante Egirio, hombre de baja estatura, color moreno oscuro, nariz chata, ojos grandes, negros y penetrantes, mirada firme y diabólica, pasó por el puente a toda prisa acompañado de un grupo de facinerosos-una vez la muchacha en mi poder- les venía diciendo, ustedes pueden saquear la choza, les prometo que no saldrán con las manos vacías; pero, ¡eso sí! Mucho ojo ahora, se nos pueden escapar estos malditos conservadores, y nuestra misión es acabar con todos, tenemos que demostrar nuestro verdadero amor al partido liberal.&lt;br /&gt; A un hombre como Egirio, sin entrañas, no era la bondad que lo llevaba a sentirse a gusto en la presencia de una emboscada asesina, tendida en pleno corazón de la aldea contra un pobre hombre casi muerto e indefenso, protegido únicamente por el deseo de vivir.&lt;br /&gt; Ignorantes e imbéciles como Egirio, no iluminan como los sabios, pero engañan como los farsantes; no son revolución, sino trastornos; poseen sed de sangre y fiebre de poder. Esa agrupación bastarda y horrorosa, con características pestilentes, ¿de dónde surgió? Según sus blasfemias, eran miembros del partido liberal colombiano, así lo manifestaban por todo el pueblo con voz al cuello; grupo de sádicos, manada de ignorantes que salieron de la nada.              &lt;br /&gt; Egirio, en esa tierra, fue la personificación del crimen. La historia de tales aldeas no presenta otra figura más odiosa. Egirio fue la enorme vaca andrógina, hecho para desconcertar por igual todos los cálculos de la zoología y todos los postulados de la ética. Perteneció a ese grupo reducido de seres, nacidos para hacer enrojecer la historia.&lt;br /&gt; En la escala teratológica, Egirio no perteneció a los felinos, ni a los carniceros, ni a los grandes y  terribles destructores, cuyas siluetas hacen una sombra de pavor en la historia y en las selvas. Perteneció a los rastreros, a los silenciosos, a los vertebrados inferiores: es de la raza de los vipéridos. No busquéis en él ninguna forma de fuerza que no sea la de la astucia, ninguna grandeza que no sea la del mal. No esperéis verlo saltar en plena luz meridiana, sobre el campo del peligro y devorar la presa, no, la luz hubiera vencido aquel anfibio extraño que buscaba la sombra violácea de las aguas fétidas de los pantanos: mitad hiena mitad boa; esperadlo en la noche, en el silencio, a la hora de devorar los cadáveres, veréis entonces su silueta pávida entre el festín.&lt;br /&gt; ¿A qué escala zoológica, a qué sexo perteneció este ser colocado por la naturaleza fuera de ella y al cual se olvidó de clasificar? Asqueroso embrión, indefinido y repugnante ¿Cómo pudo ser colocado por el destino en el camino de los grandes hombres para destruirlos? Larvado, informe, con todas las apariencias de un fenómeno inservible y repugnante. ¿Por qué extraño misterio de la vida, algo así tan infinitesimal fue tan siniestramente fatal? Su pequeñez no tuvo matices, como la de ciertos insectos, que algunos llegan hasta ser luminosos. Fue de un negro monótono de sangre y de cloaca, difícil de distinguir del lodo que lo creó. ¿Cómo en ese átomo de anfibio pudo caber todo el abismo del mal? Vedlo a la luz crepuscular y oblicua con sus ojos llenos de diabolismo, deslizarse por el matorral del crimen, arrastrando las patas traseras, con un movimiento de hiena en las ancas escurridas. ¿Cómo pudo arrastrar en pos de sí una espada, este hombre que ignoró siempre donde quedaban los prados rojos, los ríos de fuego y las cimas incendiadas de la epopeya?&lt;br /&gt; Sólo hay una cosa que Egirio ignoró tanto como el honor y la virtud. El día que hubiese de levantar una estatua a la cobardía, Egirio daría el modelo más perfecto de ella. El miedo, he ahí su musa. Fue el miedo que dio a esta liebre infecta la talla enorme de un monstruo. ¿No veis cómo le crecieron las garras bajo las pezuñas? Su enorme asnalidad se hizo trágica, como si leviatán, ebrio de sangre, se hubiera encarnado bajo la piel de aquel jumento enfurecido. ¿Por qué su acefalía absoluta no avanzó un grado más y lo hizo completamente idiota? Tal vez se hubiera salvado de quedar incluido en los recuerdos amargos de la historia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-1029407041577300538?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/1029407041577300538/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=1029407041577300538' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/1029407041577300538'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/1029407041577300538'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2007/12/alma-mstica-segunda-entrega.html' title='Alma Mística (segunda entrega)'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-6605531100989846319</id><published>2007-12-25T15:10:00.000-08:00</published><updated>2007-12-25T15:11:23.023-08:00</updated><title type='text'>Alma Mística (primera entrega)</title><content type='html'>Los habitantes de Cuevita fueron sorprendidos por un grito de terror, y asesinos despiadados, entraron en combate, consiguiendo la victoria, porque se enfrentaban a un pueblo inocente y desarmado. Desde ese instante, los criminales se alimentaron de sangre, como sombras de antropófagos en las llanuras de la era prehistórica; y principió esa orgía del sable, enloqueciéndolos como a los salvajes la danza sagrada en torno de la hoguera. &lt;br /&gt; Un pueblo humilde y de rodillas, entregado al culto obligatorio de unos monstruos  sin rivales, sufría la tortura y la maldad de la ignorancia en aquella contienda desigual.&lt;br /&gt; Autómatas del crimen; corazones de verdugos; almas de asesinos; manos estranguladoras, cegaron la vida de muchos hombres honrados, de mujeres que eran modelos insospechables, de almas ingenuas. ¡El odio político era pavoroso!&lt;br /&gt; Céar huyó de Cuevita por entre los matorrales estrechos y retorcidos, sin turbar con sus sollozos desaforados la respiración del cielo estrellado ni el sueño profundo de las aves. El crepúsculo del amanecer teñía los bordes del embudo que los manglares formaban alrededor de la aldea regada por el mar salado y limitada por sus hermosas playas. Medio en la realidad, medio en el sueño, corría por las faldas de la montañas, perseguido por los asesinos; corría sin rumbo fijo, despavorido, con la boca abierta, la lengua afuera, la respiración acezante. A sus costados y destrozando con el pecho, pasaban árboles y árboles, bosque y bosques…de repente se paraba con las manos sobre la cara defendiéndose de la espesa llanura inofensiva. En los confines de la serranía, en donde el bosque es menos denso, se desplomó en un montón de hojarascas y se quedó dormido.&lt;br /&gt; Atardeció. Cielo verde, campo verde, hora en que se oían los cánticos de las aves y resabios de la naturaleza.&lt;br /&gt; Los horizontes recogían sus cabecitas en el ocaso, las luces de los cocuyos apuñaleaban en la sombra, y el gran luchador contra el fantasma de la violencia que sentía encima, y con el dolor en una pierna ulcerada por el monte, despertó por un instante y se quedó nuevamente dormido entre plantas silvestres que convertían al bosque en un lindísimo paisaje. &lt;br /&gt; Junto a un riachuelo de agua dulce y cristalina, el cerebro del joven agigantaba tempestades en el pequeño universo de su cabeza. Las uñas aceradas de la fiebre le aserraban la frente; disociación de ideas; elasticidad del mundo en los espejos; desproporción fantástica; huracán delirante; fuga vertiginosa; horizontal, vertical, oblicua, recién nacidas y muertas en espiral.&lt;br /&gt; La luna entre las nubes esponjadas lucía claramente. Sobre las hojas húmedas, su blancura se tornaba lustre con tonalidad de porcelana. Apareció el crepúsculo, le subió la fiebre, sin recobrar el conocimiento y, como delirando, sintió el atropello de la muerte injusta. Siguió a grandes saltos de un volcán a otro, de nube en nube, de astro en astro, de cielo en cielo, medio despierto medio dormido, buscando llegar hasta el fin del universo. Toma un tren volador para alejarse velozmente del infierno, más allá del fuerte asesino; perseguido por los verdugos corrió hacia un cañal, pero en llegando…!madre!, un grito…, un salto…, un hombre…, la noche…, la chusma…, la muerte…, la sangre…, la fuga…, Céar… ¡agua para mi amor!&lt;br /&gt; El dolor de la pierna lo despertó, dentro de los huesos sentía un laberinto de dolor. Sus pupilas se entristecieron a la luz del día. Dormidas enredaderas adornadas de lindas flores invitaban a reposar bajo su sombra, frente a la frescura de una fuente que movía la cola espumosa como si entre musgos y helechos se ocultara algún cisne distraído.&lt;br /&gt; ¡Nada-nadie!        &lt;br /&gt;     Céar se hundió de nuevo en la noche de sus ojos, a luchar con su dolor, a buscar postura para la pierna ulcerada y a detenerse con las manos el labio desgarrado.&lt;br /&gt; Reflejos moribundos de la tarde formaban un crepúsculo doliente. Entre relámpagos huían las sombras de los tábanos convertidas en mariposas misteriosas.&lt;br /&gt; El firmamento parecía un encanto, iluminado, opulento, como un manto de nácar; y la tarde vibraba toda como un arpa mágica, con un tono sonoro, producto de las ondas brillantes y cristalinas del mar.&lt;br /&gt; Una luz vaga descendía del cielo; el abismo del horizonte se hacía denso, y en el aire calmado el sol emitía rayos muy blancos de espléndidos fulgores.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-6605531100989846319?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/6605531100989846319/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=6605531100989846319' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/6605531100989846319'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/6605531100989846319'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2007/12/alma-mstica-primera-entrega.html' title='Alma Mística (primera entrega)'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-8845013143537724229</id><published>2007-11-15T19:42:00.000-08:00</published><updated>2007-11-15T19:42:10.096-08:00</updated><title type='text'>Blogger: Perfil del usuario César Rodríguez Valencia</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822"&gt;Blogger: Perfil del usuario César Rodríguez Valencia&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-8845013143537724229?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='related' href='http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822' title='Blogger: Perfil del usuario César Rodríguez Valencia'/><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/8845013143537724229/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=8845013143537724229' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/8845013143537724229'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/8845013143537724229'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2007/11/blogger-perfil-del-usuario-csar.html' title='Blogger: Perfil del usuario César Rodríguez Valencia'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3760005083471550954.post-3855629087147534695</id><published>2007-10-26T10:38:00.000-07:00</published><updated>2007-11-16T17:29:33.498-08:00</updated><title type='text'>Literatura (novela)</title><content type='html'>César Rodríguez Valencia&lt;br /&gt;César Rodríguez Valencia, nació en Panamá y se crió en Colombia. Licenciado en Matemática y Física, Especialista en Física y Magíster en Física de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá. Actualmente se desempeña como profesor de Física en el Depto. de Física de la Universidad Nacional de Panamá. Correo electrónico:crovalen@gmail.com, crovalen@lycos.com. Teléfonos: (507) 5236234, 5236235, 5236236, Depto. De Física, Universidad de Panamá. Residencia, Teléfono - Fax: (507) 3911258, Celular: (507) 65678952 Panamá, República de Panamá&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alma Mística (Novela)&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.lulu.com/content/1431634"&gt;http://www.lulu.com/content/1431634&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://stores.lulu.com/store.php?fAcctID=1151192"&gt;http://stores.lulu.com/store.php?fAcctID=1151192&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resumen&lt;br /&gt;Editza, la delicada muchacha surgida de la pluma magistral del autor, es el modelo de mujer que lleva la virtud al heroísmo. En “Alma Mística” se ha inmortalizado ese heroísmo, con la violencia colombiana como sobrecogedor telón de fondo, donde los héroes se ven arrastrados a las más inesperadas aventuras. Sus vidas llenas de peligros y emociones, enfrentan las consecuencias de un naufragio, que tiene por norte y guía la nobleza y el coraje del alma angustiada de una mujer llamada Editza. Durante esa odisea colombo-panameña, transitan por caminos difíciles, escabrosos, poco menos que imposibles...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los lectores&lt;br /&gt;Estimado lector: Con mi más grande sentimiento de admiración y aprecio le recomiendo mi novela "Alma Mística", plenamente convencido de que no se arrepentirá de su adquisición, porque en ella narro una apasionante odisea colombopananeña sufrida por mis padres, razón de mi nacimiento en Panamá y mi doble nacionalidad. &lt;br /&gt;Toda mi vida la he dedicado al estudio, investigación y enseñanza de la Física y la Matemática, aunque la literatura ha sido una de mis más grandes pasiones. &lt;br /&gt;Lo más importante de la obra no es el contenido de la historia que se narra, ni el lenguaje sencillo que se utiliza, sino la enseñanza que transmite. En ella hago un verdadero reconocimiento a las madres con su amor sincero y puro, a la profesión de educador y al sacrificio que hacen los pobres del Darién (Panamá) y del Chocó (Colombia) para superarse. Y es por ello que conceptúo que esta obra de carácter universal interesaría al público lector de Panamá, Colombia y el mundo, especialmente a profesores y estudiantes, porque conocerían es sus páginas las características de nuestro selvático y embrujador Darién, como también los rincones del Chocó colombiano, a más de identificar las emociones y vicisitudes de sus habitantes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3760005083471550954-3855629087147534695?l=wwwalmamistica.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/feeds/3855629087147534695/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=3760005083471550954&amp;postID=3855629087147534695' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/3855629087147534695'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3760005083471550954/posts/default/3855629087147534695'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://wwwalmamistica.blogspot.com/2007/10/literatura-novela.html' title='Literatura (novela)'/><author><name>César Rodríguez Valencia</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02160833352832209822</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_v3gXmuxrbqM/SROyUnHwHwI/AAAAAAAAACw/vHq07Ief2cQ/S220/a.jpe'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
